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“Visión Chamánica”
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Es un buen escritor.
Ana Imán Ruiz
Nov. 5 - 2008

 

 

Fotografías en

http://www.elmundo.es

 

Comentario de Tomas Eloy Martínez*

El Nobel al escritor francés Jean-Marie-Gustave Le Clézio sorprendió a muchos este año. En la década de 1960, su novela Le procès verbal (1963) despertó en los lectores un inmediato entusiasmo. La escritura febril de Le Clézio, generosa en audacias formales, exponía las angustias del individuo que llegaba a las puertas de la modernidad en estado de conflicto contra la invasión de los objetos de consumo y contra el poder creciente de las masas. Tenía entonces sólo 23 años —había nacido en Niza en 1940— y su irrupción en el reino de la novela prometía liberar a los lectores de las asfixias impuestas por la escritura milimétrica del ingeniero Alain Robbe-Grillet.

Pero Le Clézio estaba dispuesto a llevar a todos los extremos su afán de libertad. En los años que siguieron a Le procès verbal se apartó de las exhibiciones literarias, abandonó París y se dedicó a dar vueltas por el mundo en busca de las culturas que no habían dejado huellas escritas. Estuvo en Panamá, en Belice, en México. Allí lo conocí en 1991, cuando pasó por Michoacán rumbo a la Sierra Madre, donde vivían los indios tarahumaras que tanto habían impresionado al dramaturgo francés Antonin Artaud.

De todo lo que dijo entonces —que no fue mucho— recuerdo la impresión que me produjo su resumen de lo que deseaba escribir: “Quisiera ir más allá del lenguaje, dejarme llevar por una poesía en estado puro, una poesía creada por gestos y por los ritmos de la danza; es decir, por el ser en ebullición”.

Es inevitable que la Academia Sueca se equivoque, pero esta vez se equivocó menos que en los 20 años pasados. El itinerario desparejo que dibujan los nombres de los ganadores es no sólo una definición del Nobel, sino también —quién sabe— del misterioso destino de la literatura.

* Aparte del artículo "Misterioso Premio Nobel" de Tomas Eloy Martínez –Novelista y periodista argentino– en El Espectador de Noviembre 1 - 2008.

 

Los Libros de Le Clézio

Urania

2006
“Una de dos: uno se arriesga a ser tragado por la literatura, o a ser tragado por sí mismo. Si se deja tragar por sí mismo, se vuelve loco. Si se deja tragar por la literatura, se vuelve escritor.”
El camino de J.M.G. Le Clézio va de la locura a la escritura, de la escucha de sí mismo a la del mundo, del torbellino de la palabra al tiempo del relato.
“El Atestado” hurgaba en las fisuras de la lengua de la tribu y con ello en los fundamentos de la individualidad.
Admirador de Lautréamont, Artaud, Rimbaud, Michaux, la violenta originalidad de sus primeros libros estaba en sintonía con los abordajes del nouveau roman, de Natalie Sarraute, con los sucesos del mayo francés. Pero en pleno estallido de la revuelta Le Clézio se internaba a solas en la selva, y entraba en contacto con las culturas originarias de México y Panamá: comenzaba su radical viraje hacia las cosas. Es por eso que puede parecer no un escritor sino muchos, autor ubicuo e inasible, pues ha sabido poner la aparente variación de sus intereses al servicio de una invariable sinceridad. La extranjería y el viaje son sus marcas permanentes: el viaje de exploración interior, el viaje del aventurero que sigue las huellas de sus ancestros de sangre y de letra (Verne, Stevenson), el viaje del anti-antropólogo que se empecina en escuchar lo que las culturas que la suya ahogó en esclavitud y sangre tienen aún para decir.
Urania es uno de sus libros que mejor lo sintetizan. El geógrafo francés Daniel Sillitoe remonta las fuentes del Tepalcatepec. Descubrimiento de sí mismo, desencantada visita a los estertores finales del discurso revolucionario en Centroamérica, incursión en la vida real de personas reales en una época de multiculturalismo en la que todos son como el visitante, extranjeros. Entre el viaje de iniciación y la huída, entre las ilusiones perdidas y el retorno crepuscular, el impulso utópico e sí mismo preserva su esencial nobleza.
Ariel Dilon

“El sueño mexicano o el pensamiento interrumpido”, 1988
Más que presentarnos una historia lineal de los pueblos indígenas del México antiguo, el autor nos introduce en la dimensión mágica y onírica de la cosmogonía de los pueblos prehispánicos. Como señala Le Clézio: “la ambivalencia de los dioses paganos es incompresible para el religioso español”, y esta incomprensión origina el desprecio por las “supersticiones”, creencias que, por lo demás, estaban encaminadas a resolver problemas filosóficos que el mundo clásico antiguo ya se había planteado. Sin embargo, para los españoles de la Europa renacentista del siglo XVI, esta multitud de dioses, algunos de ellos “gigantes que presiden la génesis del mundo”, no eran más que demonios que producían horror o burla. Mediante el reconocimiento de bailes, ritos, ceremonias tribales y conmemoraciones, además de extensas citas de códices prehispánicos, el autor explora en esta minuciosa indagación la presencia, hasta nuestros días, de los valores culturales indígenas de México.

“El buscador de oro”

1985
“Hace mucho tiempo que estoy en este valle. ¿Cuántos días, cuántas noches? Hubiera debido llevar calendario, como Robinson Crusoe, haciendo muescas en un pedazo de madera: En este valle solitario me siento tan perdido como en la inmensidad el mar.”
Estas palabras definen perfectamente la aventura existencial del reciente Nobel de Literatura JMG Le Clézio y enmarcan también la aventura vital de de Alexis L’Étang, natural de Isla Mauricio, en cuyo diario, fechado de 1892 a 1922, aparece la intrépida búsqueda del tesoro de un corsario del siglo XVII, supuestamente enterrado en Rodrigues, una de las islas Mascareñas. Esta búsqueda acabará por convertirse en la empresa y la obsesión de su vida.
Alexis L’Étang descubre poco a poco, admirado, la íntima relación entre todos los elementos que van apareciendo en el curso de su exploración y, gracias al enigmático corsario, conseguirá descifrar el universo mágico que lo rodea.
Estamos ante una obra maestra caracterizada primordialmente por una extraña y cautivadora belleza, y la emocionada admiración hacia los grandes relatos de aventuras marítimas.

“La conquista divina de Michoacán ”

1985
La conquista divina de Michoacán registra una crónica –a la altura del Poema de Gilgamesh y la Gesta de Arturo– escrita por un religioso anónimo tras el asesinato que Nuño de Guzmán cometió con el último cazonci Tangáxoan Tzinzicha. Historia y testamento, La conquista divina de Michoacán es un libro único que quiere conservar la memoria de la antigua grandeza purépecha y expresa con majestad la magia y la tragedia del mundo indígena.

“El Atestado” (“Le Procès Verbal”)  1963
Adam Pollo ha comenzado, no sabemos si al cabo de los meses de servicio militar o después de una cura psiquiátrica, una singular experiencia de confrontación consigo mismo. Vive en un chalet abandonado en su propia ciudad natal, solo, casi vegetalmente. Desafía al mundo circundante, lo provoca de modo progresivo, de un modo sutil y extrañamente cruel y finalmente directamente brutal, en mitad de la calle, como un charlatán de feria. Pero el autor no nos deja inermes frente al sentido de la extravagante experiencia de su personaje, de cada una de las aventuras de que se va tejiendo. De nuevo frente a unos internos de hospital, Adam con escalofriante lucidez defenderá el sentido de su experiencia, fundará su razón en los previsibles y convencionales razonamientos de los otros. La deslumbrante sinceridad y la fuerza expresiva de las páginas del EL ATESTADO, que a veces nos remontan al magisterio de Celine y sobre todo a “Les Chants de Maldoror”, han valido en Francia a esta primera novela una acogida inusitada que va más allá del reconocimiento que le otorgó el jurado del Prix Renaudot 1963 al concederle ese premio.

 

"Esa experiencia cambió toda mi vida, mis ideas sobre el mundo del arte, mi manera de ser con los otros, de andar, de comer, de dormir, de amar y hasta de soñar"

[se refiere a su convivencia entre 1970 y 1974con los indígenas embera de Panamá]

 

 

En mi primera etapa como escritor, la búsqueda de la verdad era un trabajo difícil y exigente: tenía mucho de obsesivo. Descubrí la autofascinación de la escritura, pero me enfermé. Estuve ausente de mí un largo tiempo. Por eso me fui a vivir a la selva de Panamá, con los indios, y pasé tiempo sin leer ni escribir, aislado por completo de la vida intelectual. Después de ese experimento cambié por completo la forma de investigar sobre mí. Lo hago con más distancia. Empecé a considerar más a los otros.

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Jean-Marie Gustave Le Clézio, escritor multicultural

Breve Biografía
Le Clézio proviene de una familia bretona emigrada a Isla Mauricio en el siglo XVIII. Nace el 13 de abril de 1940 en Niza, hijo de padre inglés y madre bretona. Estudió en la Universidad de Bristol y terminó su licenciatura en la Universidad de Niza. Después de graduarse como doctor en letras, se mudó a los Estados Unidos como profesor. Después de su especialización en la literatura francesa, se hizo famoso a los 23 años con su primera novela, "Le Procès-verbal" (El atestado), que fue seleccionada para el Premio Goncourt y que obtuvo el Premio Renaudot en 1963. En ella definía su literatura existencialista, próxima a las obras de sus coetáneos Georges Perec y Michel Butor. Desde entonces ha publicado más de cincuenta libros, entre cuentos, novelas, ensayos, dos traducciones sobre el tema de la mitología hindú, un sinnúmero de prefacios y comentarios, así como algunas contribuciones en diversas publicaciones.
En 1967 fue enviado a Tailandia para realizar el servicio militar, pero fue expulsado casi de inmediato por protestar contra la prostitución infantil y fue enviado a México para cumplirlo.
De 1970 a 1974, vivió con los indios Embera-Wounaan de Panamá.
Su carrera literaria.- Empezó a escribir a los 7 años y no ha dejado de hacerlo a pesar de sus numerosos viajes. Su carrera literaria puede dividirse en dos grandes períodos. En el primero de ellos, de 1963 a 1975, Le Clézio exploró temas como la locura, el lenguaje, la escritura y se dedicó a la experimentación formal, al igual que hicieron otros autores contemporáneos suyos. La imagen pública de Le Clézio era la de un innovador y un rebelde, y recibió elogios de Michel Foucault y Gilles Deleuze.
A su primera novela, la mencionada "Le Procès-verbal", siguieron otras dos en las que también realizó una descripción de los tiempos de crisis. Ellas son la colección de relatos "La fiebre" de 1965 y "El diluvio" de 1966, en las que pone de manifiesto los conflictos y el miedo predominantes en las principales ciudades del mundo occidental. En esta etapa también destacó como autor comprometido con la ecología, como demuestran sus obras "Terra amata" de 1967 y “El libro de las huidas” de 1969.
El segundo período comenzó a finales de los años 70 en los que el estilo de Le Clézio experimentó un cambio drástico. Abandonó la experimentación y el estado de ánimo de sus novelas se convirtió en menos atormentado, abordando temas como la infancia, la adolescencia o los viajes, con los que logra atraer a un número de lectores más amplio y popular. En 1980 recibió el Premio Paul Morand, y fue el primero en obtener tal galardón, adjudicado por la Academia francesa a su obra "Desierto". En este relato pone de manifiesto el contraste entre "la grandiosidad de las culturas perdidas del norte de África y la mirada de los inmigrantes indeseados en Europa".
A partir de ese momento, sus obras se centraron en temas relacionados con la cultura amerindia, en la que profundiza a partir de la traducción de obras como "Las profecías de Chilam Balam" o "El sueño mexicano o el pensamiento interrumpido". La temática de sus obras cambió, centrada en viajes y mundos desconocidos, por lo que obtuvo un gran éxito de ventas.
En 1994, una encuesta realizada por la revista literaria francesa Lire mostraba que el 13 por ciento de los lectores le considerada el mejor escritor vivo en lengua francesa.
El 9 de octubre de 2008 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura. La Academia Sueca lo calificó como "El escritor de la ruptura, de la aventura poética y de la sensualidad extasiada, investigador de una humanidad fuera y debajo de la civilización reinante".
[Editado a partir de Wikipedia]


Apartes de comentarios y/o reflexiones sobre el autor y su obra.-

Escritor desde los 7 años, Le Clézio logra disimular el malestar que le produce el sentimiento de desarraigo, escribiendo y dibujando. Es quizás por eso por lo que su escritura está poblada de imágenes de una fuerza y una vitalidad excepcionales.

“En mi primera etapa como escritor, la búsqueda de la verdad era un trabajo difícil y exigente: tenía mucho de obsesivo. Descubrí la autofascinación de la escritura, pero me enfermé. Estuve ausente de mí un largo tiempo. Por eso me fui a vivir a la selva de Panamá, con los indios, y pasé tiempo sin leer ni escribir, aislado por completo de la vida intelectual. Después de ese experimento cambié por completo la forma de investigar sobre mí. Lo hago con más distancia. Empecé a considerar más a los otros.
Lo que me había faltado: gozar del mundo, vivir el entusiasmo por la vida, hallar el placer de encontrarse con los otros y el disfrute del mundo natural. Antes yo escribía sobre el pequeño infierno de las ciudades. Luego, me interesé por aspectos más precisos de la vida.”

Escritor caminante en busca de su esencia, exploración que nunca termina, como el andar de los pueblos del desierto en busca de agua, tan esencial y vital para sobrevivir como lo es la verdad para vivir. Eso es lo que anhela Le Clézio: llegar a lo más simple, a lo más puro, a la desnudez absoluta para encontrar la serenidad e incluso la aceptación estoica y simple de la vida y de la muerte. Paradójicamente, esa "agua" en el "desierto" el escritor la encuentra en pueblos indígenas de México, país que lo marcó para siempre.

Es esa prosa desgarradora que viaja, que busca respuestas, que se mete en el interior del ser humano la que tanto han admirado los lectores franceses.

Impulsados por la obsesión de la muerte, sus personajes tienden a la autenticidad frente a la alienación agresiva del mundo moderno, un ideal que los indígenas de México llevan a cabo con un modo de vida reducido a lo elemental, pero en armonía con el orden del universo; este ideal lo plasma en el ensayo El sueño mexicano (1988). Para Le Clézio, la escritura apacigua, deja sitio al silencio y permite acceder a lo más profundo. Pero la búsqueda interior pasa por la evocación de la belleza del mundo, la tierra, los paisajes y los ambientes originales, como en Tierra amada (1967), donde cada sacudida repercute sobre todos los seres. El bullir del mundo se opone a lo insignificante, a lo infinitamente mediocre de la cotidianidad. Una descripción minuciosa, rica en metáforas visionarias se pone al servicio de esta evocación contemplativa, aunque muchas páginas se abren a todo tipo de collages: recortes de periódicos, fragmentos de publicidad, listines, otros textos y objetos de desecho a los que devuelve su valor primigenio. Entre todos sus títulos cabe destacar un ensayo, Éxtasis material (1967), una serie de relatos, Mondo y otras historias (1978) y varias novelas, Desierto (1980), El buscador de oro (1985) y Revoluciones (2003).

¿Cómo vive usted su condición de escritor "inclasificable", según alguna crítica?
“Ser inclasificable es confortable. La clasificación es difícil para los seres humanos, aunque para los insectos es posible. Quizá me consideran así porque no pertenezco a ninguna escuela literaria y tampoco he vivido en el corazón de París. Además soy indiferente a la crítica. No obstante, hay una crítica a la que no le interesa la clasificación. Soy así y la crítica no me impide dormir.”

De sus experiencias con las culturas indígenas de México, Panamá y Colombia, el Premio Nobel destacó en alguna oportunidad: "Esa experiencia cambió toda mi vida, mis ideas sobre el mundo del arte, mi manera de ser con los otros, de andar, de comer, de dormir, de amar y hasta de soñar".[Se refiere a los efectos que produce el zumo de las hojas del árbol datura blanco, empleadas en rituales de los indígenas embera de Panamá y Colombia.] El escritor acompañó a los indígenas a un ritual sagrado, experiencia que relata en su libro 'La fiesta cantada y otros ensayos de temas amerindios'. A partir de ese momento sus obras se centraron en temas relacionados con la cultura amerindia y se adentró a mundos desconocidos.

Su amor por la cultura hispanoamericana, fue cultivado en doce años de residencia en México

Le Clézio sigue considerándose a sí mismo un ciudadano del mundo, pero no del mundo victorioso, consumidor y dominador por excelencia, al cual critica permanentemente en sus escritos. Es sobre todo un ciudadano de la periferia: Su mirada del mundo es la de África, Asia, Latinoamérica

Lo mismo ha pasado en los países de habla hispana, especialmente en Latinoamérica a la que tanto quiere. En especial a Panamá, donde vivió algún tiempo en su juventud junto a los indígenas en la selva para escapar de la autorreflexión que trae consigo la escritura y que le estaba haciendo mucho daño en aquel entonces, y México, sobre la que ha escrito cuatro libros: Las profecías de Chilam Balam, La conquista divina de Michoacán y El sueño mexicano o el pensamiento interrumpido y la biografía de Frida Khalo y Diego Rivera. Le Clézio, reivindica la cosmogonía indígena en sus textos dedicados a temas mexicanos como Las profecías del Chilam Balam y la Relación de Michoacán.

Obras como Pawana, Tres ciudades santas y El sueño mexicano o el pensamiento interrumpido, reflejan en su escritura el conocimiento, el aprendizaje y las vivencias como resultado de numerosas estancias entre las comunidades autóctonas.
 


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