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En los 6 años de su fallecimiento

 [Feb-2009]

"Nunca hubiera imaginado que su obra traducida al inglés forjara un autor más vital y novelesco".

Julio Ortega,

Babelia.

"Consigue fácilmente lo que otros escritores apenas han tocado: hablar sobre el destino de las vanguardias estéticas y políticas después del fin de la utopía humana".

Andreas Breitenestein.

"Su lenguaje vigilante y lleno de gracia, su manera de construir unos textos a la vez desconcertantes, brillantes e infinitamente próximos, es una forma de resistir al mal, a la adversidad, a la mediocridad".

Raphaelle Rerolle,

Le Monde.

"Una especie de ebriedad narrativa que nos deja abrumados, sonriendo de obnubilación o admiración".

Fabrice Gabriel.

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Literatura Posmoderna
Bolaño otra vez! 2666 su última novela
A cuatro profesores de literatura, Jean-Claude Pelletier (francés), Piero Morini (italiano), Manuel Espinoza (español) y Liz Norton (inglesa), los une su común fascinación por la obra de Beno von Archimboldi, un enigmático escritor alemán cuyo prestigio crece en todo el mundo. La complicidad entre los cuatro adquiere pronto trazas de vodevil intelectual y cosmopolita –con ménage à trois incluido–, y desemboca en un disparatado peregrinaje a Santa Teresa (trasunto de Ciudad Juárez), en la frontera de México con Estados Unidos, donde hay quien dice que Archimboldi ha sido visto. Ya en Santa Teresa, Pelletier y Espinoza se enteran de que la ciudad viene siendo desde años atrás escenario de una larga cadena de crímenes atroces. En los vertederos de la ciudad no cesan de aparecer los cadáveres de mujeres, muchas de ellas apenas adolescentes, con señales de haber sido salvajemente violadas y torturadas. Es el primer asomo de la novela al agujero negro en que terminarán por precipitarse sus múltiples y procelosos caudales, repletos de personajes memorables cuyas historias, a caballo siempre entre la risa y el horror, abarcan dos continentes e incluyen, entre muchas otras cosas, un vertiginoso travelling por la historia europea del siglo XX, por las ruinas de una cultura y una civilización en derrota en las que la literatura continua invocando un simulacro del salvación.
Resulta imposible sugerir siquiera la enormidad y las profundidades de un libro que se construye como una novela empotrada en otra novela empotrada a su vez en otra novela… y que se abre así camino en lo desconocido, allí donde –como dice uno de los personajes– tienen lugar “los combates de verdad, en donde los grandes maestros luchan contra aquello, ese aquello que nos atemoriza a todos, ese aquello que acoquina y encacha, y hay sangre y heridas mortales y fetidez”.
Asombroso alarde de audacia y de poderío narrativo, 2666 mezcla moldes y esencias de la mejor narrativa europea y americana para proponerse como una nueva y revolucionaria modalidad de novela total, que combina rasgos de relato detectivesco y de poema épico, de novela de artista y de novela filosófica, de fantaciencia y de reportaje periodístico, para ofrecer, entreverado a una frondosa meditación sobre el mal y sobre la muerte, sobre la literatura y la insignificancia y el olvido, “un retrato del mundo industrial en el Tercer Mundo, una panorámica de la frontera, un relato policial de primera magnitud”.
No parece exagerado sostener que esta novela prodigiosa está llamada a ocupar un lugar de excepción comparable al de una novela como Pedro Páramo. El número que lleva por título, 2666, bien podría ser la fecha inscrita en la lápida que nos descubre a todos, personajes y lectores, como habitantes de un futuro cementerio olvidado, poblado de voces. Y desde luego confirma sobradamente el veredicto de Susan Sontag: “el más influyente y admirado novelista en lengua española de su generación. Su muerte, a los cincuenta años, es una gran pérdida para la literatura”.
De la contratapa de la edición de Anagrama de 2666, Barcelona, 2004.

Tomado de la contracarátula de 2666, Edición de Anagrama, Barcelona, 2004

Roberto Bolaño (1953-2003), nacido en Chile, narrador y poeta, se ha impuesto como uno de los escritores latinoamericanos imprenscindibles de nuestro tiempo. En Anagrama se han publicado los ensayos recogidos en Entre Paréntesis, sus libros de cuentos Llamadas telefónicas (premio Municipal de Santiago de Chile), Putas asesinas y El gaucho insufrible, y las novelas Estrella distante, Amuleto, Monsieur Pain, Nocturno de Chile, Amberes y Los detectives salvajes (Premio Herralde de Novela y premio Rómulo Gallegos, ambos por unanimidad): “La gran novela mexicana de su generación, expresión del desarraigo literario visceral de los latinoamericanos” (J. A. Masoliver Ródenas, La Vanguardia); “Un carpetazo histórico y genial a Rayuela de Cortázar. Una grieta que abre brechas por las que habrán de circular nuevas corrientes literarias del próximo milenio” (Enrique Vila-Matas); “El tipo de novela que Borges hubiera aceptado escribir… Un libro original y hermosísimo, divertido, conmovedor, importante” (Ignacio Echevarría, El País); “Bolaño consigue fácilmente lo que los otros escritores apenas han tocado; hablar sobre el destino de las vanguardias estéticas y políticas después del fin de la utopía humana” (Andreas Breitenstein, Neue Zürcher Zeitung); “Una especie de ebriedad narrativa que nos deja abrumados, sonriendo de obnubilación o de admiración” (Fabrice Gabriel, Les Inrockuptibles); “El lenguaje de Bolaño, su lenguaje vigilante y lleno de gracia, su manera de construir unos textos a la vez desconcertantes, brillantes e infinitamente próximos, es una forma de resistir al mal, a la adversidad, a la mediocridad” (Raphaëlle Rérolle, Le Monde).
 

 

Literatura
De Bolaño y punto
Por: Daniel Ramírez González*

Antes de empezar tengo que ser enfático en algo: Las líneas que siguen son escritas desde los zapatos de un admirador y en gran medida adepto a la obra de Roberto Bolaño. Es por eso que en adelante tal vez se haga evidente cierto tono visceral, y es que cómo no serlo cuando se habla de uno de los más grandes escritores latinoamericanos de todos los tiempos. Bolaño murió en el año 2003, justo el de su aniversario número cincuenta, y dejó al mundo de las letras con el sinsabor de que sus mejores obras aún no se habían escrito.

Nació en Santiago de Chile; muy joven se mudó a México junto a sus padres y volvió a su tierra por los días del golpe de estado en el que fue derrocado Salvador Allende. Con ese golpe, según él, se acabó el sueño y empezó la realidad. Nuevamente en México, fundó junto a otros poetas el Infrarrealismo, una especie de movimiento literario de vanguardia. Publicó varias compilaciones de poemas, se hizo narrador y se fue a vivir a España, en donde, durante varios años vivió de ganar concurso literarios de segunda categoría. Años y libros después, Roberto Bolaño es encumbrado como tótem de la literatura hispanoamericana moderna, como paso obligado para todo aquel que escriba o aspire a hacerlo. Hoy por hoy –seguramente sin pretenderlo– es pieza más que fundamental en el canon literario de nuestro continente, dentro de un círculo supremamente exquisito presidido por Borges y Cortázar.

En vida el escritor chileno se tornó en una suerte de punto de referencia para los escritores de su misma generación, entre los que él mismo se declaró el mejor. Son varios de ellos, entre los más prominentes de las letras en este lado del mundo, los culpables de que la fama de Bolaño crezca cada segundo al levantarlo como estandarte de la literatura de nuestros días. No en vano el argentino Rodrigo Fresán pronosticó que “Bolaño –como Borges– estará en todas partes, en todos esos libros que escribió y en todos esos libros que no llegó a escribir pero, aun así, siempre al frente y en el frente, peleando y peleándose”. O “Hay que leer y releer a Bolaño. Es el mejor. En él está toda la literatura contemporánea, y mucho más” escribió Santiago Gamboa en un artículo como despedida tras su muerte. Y el peruano Fernando Iwasaki sentenció que “hay que estudiarlo como contemporáneo de Quevedo, Stendhal y Dostoievski, porque los clásicos no mueren y él es ahora uno de ellos”.

Roberto Bolaño por años publicó sus libros con editoriales regionales, sin existir para la crítica y siendo un desconocido en su país. La suerte finalmente le dio cacería cuando en 1998, con su novela “Los detectives salvajes” –que es considerada tan relevante como “Rayuela” y “Cien años de soledad”– obtuvo el Premio Herralde de Novela, y un año después el tan añorado por muchos, Premio Rómulo Gallegos.

Sus novelas –“La pista de hielo”, “Estrella distante”, “Nocturno de Chile” entre otras– cuentos y poesía, son un paseo autobiográfico, un camino atravesado por un estilo en el que, como dice la periodista Mónica Maristain, “con su afilado humor, con su exquisita inteligencia, su pluma certera, de gran riesgo poético y profundo compromiso creativo, es digno de la atención de quienes lo admiran y, por supuesto, de quienes lo detestan”.

Con su muerte quedaron huérfanos cientos de sus lectores que esperaban que la tinta de la pluma de Bolaño corriera por muchos años, con esos finales desconcertantes que dan vueltas y vueltas en la cabeza. A ellos y a la literatura latinoamericana les dejó –nos dejó–, un testamento al mejor estilo Bolaño, “2666”, una novela de 1.125 páginas que escribió robándole noches a la muerte que durante varios años le pisó los talones a causa de una insuficiencia hepática, la misma que finalmente le dio jaque mate.

Cedido por “Arbolea” Nº 18, publicación de la Universidad Sergio Arboleda.
*Daniel Ramírez González es estudiante de la Escuela de Comunicación Social de dicha Universidad.

 


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