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“Visión Chamánica”
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Ricardo Díaz Mayorga
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El Valle de Sibundoy
Desarrollo de las actividades
Actividades de campo
La toma de yagé
Testimonio de Margarita
Testimonio de Juan Martín
Testimonio de Sandra
Testimonio de Juan Manuel
Testimonio de Laura
Testimonio de Carlos


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Crónica
Experiencias de una expedición al Valle de Sibundoy
Por:Ricardo Díaz Mayorga

La idea de hacer “expediciones interculturales” nos había surgido ante los recientes y reiterados informes sobre la situación de los pueblos indígenas de Colombia, de olvido, de atropello, de indiferencia, de extinción, y nuestra reacción ante eso: “No podemos seguir simplemente lamentándonos, es necesario hacer algo concreto”. Y eso concreto que se nos ocurrió fue proponer un flujo de intercambio –de conocimientos, de visitas, de bienes materiales, etc.– con comunidades indígenas con las que hemos tenido relación de tiempo atrás, particularmente aquellas llamadas de la “cultura del yagé”, llevando grupos de personas interesadas en conocer esta región y el modo de vida indígena y propiciando también el beneficio económico de miembros de la comunidad, así como la divulgación de su cultura. Planteamos la idea al Cabildo Inga de Colón, quienes nos habían invitado para su Carnaval en Febrero y estuvieron de acuerdo, dándonos pleno respaldo y apoyo organizativo para la realización del programa propuesto.

La propuesta de expedición fue apellidada como “intercultural” y esta denominación hace referencia ante todo a que el conocimiento de otra cultura diferente a la propia puede enriquecer nuestra visión del mundo y complementar nuestras estrategias de adaptación a la realidad que nos corresponde vivir. Se pretende, entonces, que haya una aproximación respetuosa a los componentes culturales mutuos: tradiciones, ritos, formas de vida, conocimientos, etc., en los que se comparte y se aprende mutuamente, pero además se establecen lazos múltiples y a largo plazo de relación que pueden hacer que la cultura indígena sea más divulgada y valorada, o que propuestas y proyectos de los visitantes puedan ser viables dentro de las comunidades indígenas, según en ellas se comprendan también los determinantes dentro de los que funcionan los conglomerados urbanos de donde proceden los visitantes. Pero además, el flujo que se establece debe tener beneficios concretos en los dos sentidos: para los visitantes, quienes disfrutan y se benefician de servicios que la comunidad les presta; y los visitados quienes son remunerados y reconocidos por esos servicios. Visión de respeto que se hace urgente en un país multicultural y multiétnico como Colombia. El tiempo y la experiencia marcarán la evolución de las intenciones iniciales.

El viaje quedó establecido para la semana santa –abril 6 a 12 de 2004–. El martes 6 a las 6:00 PM el grupo de trece personas estábamos partiendo hacia Mocoa desde el Terminal de Transporte de Bogotá. Nuestro destino final era la población de Colón, para encontrarnos con los indígenas Inga organizados en su Cabildo, y ansiosos de conocer este nuevo paisaje para la mayoría y compartir en esos cinco días la forma de vida de esta comunidad indígena. El grupo de expedicionarios, de composición heterogénea, incluía 3 mujeres y 10 hombres, con un promedio de edad de 30 años, de ellos seis estudiantes. Sus actividades o temas de interés iban, desde comunicadores –6 personas–, 2 ingenieros, un abogado, un antropólogo, un músico, hasta un instructor de yoga y un internacionalista profesor universitario. Equipados con sus dotaciones especificadas previamente y cada quien con su “costal” de expectativas nos acomodamos para pasar una noche de viaje en flota hasta la capital del Departamento del Putumayo.

Ya desde Mocoa emprendimos nuevamente viaje en bus por una de las vías terrestres más impresionantes que hemos conocido; se trataba de recorrer algo más de 80 km, ascendiendo 1.500 metros para remontar la vertiente oriental de la cordillera andina, en medio de profundos precipicios y paisajes de exuberante vegetación , de caídas de agua, de hondas cañadas, de rocas, montañas y picachos de todas las formas y tamaños.

El Valle de Sibundoy
Esta aventura de los ojos y de la emoción, a través de una estrecha carretera sin pavimentar, culmina después de unas 4 horas de recorrido, al divisar, por su entrada nororiental el hermoso Valle de Sibundoy. Esta “tacita de verdor” –típico valle interandino de unas 8.500 hectáreas de territorio plano, ubicada a 2.100 ms. de altitud, con temperatura promedio de 16ºC– constituye históricamente un corredor de paso entre los Andes y la selva amazónica, por eso sus habitantes indígenas conjugan elementos de las tradicionales civilizaciones andinas y de las comunidades selváticas amazónicas, siendo activos promotores del intercambio de bienes y saberes en los dos sentidos, particularmente en cuanto a plantas, conocimientos y prácticas medicinales.

La población del valle es de unas 45.000 personas, de las que un 30% son indígenas, repartidos entre las etnias Inga y Kamsá. Cuatro municipios y dos corregimientos constituyen los núcleos urbanos del valle. De Oriente a Occidente, en la vía Mocoa-Pasto, y en un trayecto de unos 15 km. encontramos los municipios de San Francisco, Sibundoy, Colón y Santiago. Los más antiguos en fundación y densos en población son Sibundoy –hoy con unos 10.000 habitantes y de predominancia de la etnia Kamsá– y Santiago –con unas 7.000 almas y de mayoría Inga–.

Colón con unos 3.000 habitantes es la más pequeña de las 4 poblaciones del valle. De vocación agrícola y ganadera, de notable producción en quesos, produce también en abundancia fríjol, maíz, tomate de árbol, hortalizas y otros productos agrícolas.

Fuimos recibidos en el Cabildo Inga de Colón por el taita-gobernador Serafín Mujanajinsoy y el gobernador del Cabildo del corregimiento de San Pedro. Percibimos en el contacto con ellos la alegría de que los visitáramos y la disposición para atendernos y para responder las múltiples inquietudes por conocer su cultura y modo de vida que teníamos. Y nos acodamos en los sitios que nos tenían preparados en las casas de Sandra Tisoy y Servio Mujanajinsoy.

Desarrollo de las actividades
La totalidad del programa previsto se cumplió. Resumimos a continuación los dos tipos de actividades desarrollados: las informativas y las de campo.
De las reuniones informativas con autoridades indígenas, destacamos los siguientes aspectos:
Puede parecer para muchos que a partir de la Constitución de 1991, que consagró la multietnicidad de la nación, con artículos específicos que reconocen la existencia y derechos de los pueblos indígenas, su situación ha cambiado. Pues no; ellos remarcan que una cosa es la letra de la ley y otra la realidad. Más importante ha sido quizás la motivación que “estas letras” han producido en los propios indígenas, y la conciencia de que esos nuevos espacios están por conquistar, de que sus derechos ahora tienen respaldo constitucional, pero que todo hay que conseguirlo. Una de las estrategias trazadas en esa dirección es la de formular “planes de vida” que son como guías generales de acción en los diferentes campos vitales de la comunidad. Para los Ingas de Colón, por ejemplo, es vital reglamentar todas las cosas que están en peligro de extinción: plantas, conocimientos, lengua, tradiciones... “Tenemos que recuperar la cultura”, nos dijeron con gran convicción.

Destacable la juventud de quienes lideran esta actitud de búsqueda por la recuperación y fortalecimiento de las raíces étnicas, adoptando además una perspectiva intercultural: “Antes los abuelos fueron recelosos de compartir el conocimiento con los no-indígenas. Ahora no, pensamos que es importante que se encuentren los dos conocimientos para obtener un tercero”, nos dijo Serafín Jajoy, director de la escuela bilingüe. La investigación de las raíces, en la que se encuentran comprometidos varios grupos de jóvenes indígenas que han tenido acceso a la educación occidental, se hace enfatizando el conocimiento y práctica de la lengua –ya se tiene un diccionario base, que se enriquece con investigación permanente de muchos términos que usan los mayores y que son desconocidos para los más jóvenes– que lleva implícita toda una cosmología, normas, formas de vivir y de hacer las cosas.

El Cabildo, modalidad administrativa establecida desde el periodo colonial y que es elegido democráticamente, expresa de alguna manera la forma autónoma de gobierno de la comunidad indígena. Sus atribuciones van desde la organización y control administrativo de los Resguardos –forma de propiedad colectiva de la tierra–, hasta cuestiones como la resolución de problemas de justicia, el impulso a la educación propia de carácter bilingüe, la preocupación por la salud comunitaria que integre la medicina tradicional, la conservación del medio ambiente y la recuperación del territorio. Tareas todas que se cumplen bajo la orientación central del rescate de la cultura.

Actividades de campo
En la Escuela bilingüe nos habían organizado una exposición de su variada artesanía. Luego visitamos en su casa a la maestra artesana en tejidos Laura Chasoy quien nos ilustró sobre características de su manera de producir y nos planteó las dificultades de su actividad.

La artesanía que encontramos es de gran diversidad y muy expresiva de la simbología étnica tradicional –el programa de su promoción hace parte también de las tareas de recuperación cultural–. Encontramos diversidad de tejidos: los capisayos, especie de ponchos o ruanas, de fondos blancos, con líneas o bandas verticales rojas, azules o negras, de diversos grosores y trenzados de diversa significación, y que es parte del vestido tradicional usado por los hombres. Otra prenda tejida es la cuzma, especie de bata, normalmente negra y de uso ceremonial por los hombres, y que en especial es usada por los Taitas o médicos tradicionales durante sus rituales. También tejidos son los anacos, o falda usada por las mujeres.

Otro tipo de tejidos, más en la línea de accesorios, son los chumbes, especie de faja utilizada por las mujeres para diversos usos: ajustar la falda a la cintura o llevar los niños terciados a las espaldas, tienen variados colores y diseños. De ese mismo tipo, en forma de bandas o tiras de diverso uso están la manillas, balakas, y diverso tipo de sujetadores, que en ocasiones son realizados con chaquiras, aquellas pepas plásticas perforadas de diversos colores, que sirven también para la elaboración de las walkas o collares, series de chaquiras enhebradas de muchas vueltas; también collares realizados con semillas, caracoles, piedras y otros elementos naturales. Otro accesorio tejido, en el que encontramos gran variedad son las mochilas, presentes en prácticamente todas las expresiones étnicas y populares del país y de mucha utilidad para el transporte de los objetos personales. La actividad de manufactura de tejidos es principalmente femenina.

La talla en madera, realizada básicamente por hombres, es otro frente de la producción artesanal. En este tipo se destacan las máscaras talladas en madera con diversidad de formas y expresiones de muecas, ironía o deformaciones, muy propias de su tradición. También tallados y realizados en una sola pieza son los “banquitos”, propios para la actividad ceremonial, pero también utilitarios en los hogares inganos.

Uno de los atractivos naturales de Colón son sus baños termales, cuyas fuentes de agua son de origen volcánico, lo que les da un componente medicinal importante. Aparte de las fuentes naturales un poco alejadas de la población, se ha adaptado en zona aledaña una construcción dotada de baños con tinas surtidas por las aguas termales y que hacen que la utilización de este recurso sea cómoda y de fácil acceso. En dos ocasiones utilizamos este servicio que no solo nos beneficiaba medicinalmente sino que contribuyó a nuestra relajación y descanso.

Vivimos también momentos muy intensos en la caminata al páramo de La Rejoya –cerca de tres horas caminando, con nuestro ritmo y estado físico de habitantes urbanos, y otras tres de regreso– observando desde diferentes alturas una magnífica vista del valle, conociendo en el recorrido múltiples plantas que nos eran mostradas y descritas por el taita Domingo Tisoy quien nos guió en el camino. Con su carácter apacible y bondadoso, el taita Domingo nos iba contando historias, anécdotas y leyendas de su región y de su quehacer, como aquella sobre el carácter “celoso” del páramo, a donde hay que ir con respeto para no ofender ni provocar a sus espíritus, que en represalia pueden desencadenar tormentas y extraviar el rumbo a los caminantes imprudentes. Mucha es la mitología y tradición oral que puede ser recogida entre estas personas, que conservan un conocimiento profundo de la geografía en la que crecieron y con la que viven compenetrados.

La toma de yagé
Y el momento culminante llegó. A las nueve de la noche del viernes santo, después de participar algunos en la procesión de la Dolorosa por las calles de Colón, nos congregamos todos en la casa del taita, quien con su familia nos ofreció su sala principal para acomodarnos. Nueve de los participantes ya habían tenido la experiencia y solo cuatro lo hacían por primera vez.

En medio de una noche lluviosa, el efecto de un yagé potentísimo y hermoso, procedente según el Taita de Villa Garzón, en el bajo Putumayo, hizo su efecto de purga y develó las personalidades, los miedos, los encuentros con el profundo inconsciente, las revelaciones de cada participante. Definitivamente no hay una única manera de tomar yagé ni un efecto que se pueda considerar homogéneo para todos.
La presencia vigilante y el cuidado del Taita, sus cantos, la música y las permanentes salidas al patio que daba al campo abierto sobre el valle, expresaron las evoluciones de ese momento especial y de esa “puesta en escena” del misterio de una planta que para cada quien revela esa dimensión de conocimiento profundo que construimos en nuestras vidas.

El último día, en la misma sala en que habíamos compartido agonías y exaltaciones, despidiéndonos del taita Domingo, quien nos ofreció la chicha preparada en su casa, departimos alegremente y desagregamos los momentos sublimes y cómicos que en esa noche intensa habíamos vivido. El taita y su familia, a la manera sencilla de su vida nos deseaba el buen viaje de retorno.
El lunes de pascua a la madrugada, llegábamos nuevamente al frío bogotano y nos propinamos los respectivos abrazos de despedida para retomar nuestras actividades habituales.
Bogotá, mayo de 2004

Reproducimos a continuación seis testimonios de participantes en la expedición, a quienes identificamos solo con su primer nombre, su ocupación y su edad. Se reproducen tal como fueron enviados por ellos, con solo correcciones ortográficas.

1.Testimonio de Margarita, estudiante de Comunicación Social, 22 años.

Valle de Sibundoy
Cuando decidí ir a este recorrido por el Putumayo tenía dos expectativas que quería realizar con esta experiencia. La primera de ellas era conocer y aprender sobre las costumbres de la cultura Inga. La segunda era tomar Yagé con el fin de que esta herramienta me ayudara en mi labor de introspección, que vengo trabajando ya varios años.

Con este viaje comprendí que es necesario ir a vivir y convivir con las comunidades indígenas para darse cuenta quiénes son ellos, qué piensan de la vida, qué les interesa, qué comen, cuál es su economía; cosas que en los libros nunca aprendería. La propuesta de convivir con ellos desde sus viviendas me pareció muy certera, ya que me di cuanta de situaciones y costumbres que tal vez a simple vista o con un historiador no me hubiera percatado. Para mí, esta experiencia fue fundamental ya que mi estilo de vida y mi proyección hacia el futuro es trabajar con comunidades alejadas de los medios y del estado, con el fin de poder ayudar con mi profesión a hacer parte de sus problemas o inquietudes. De igual forma, me sirve para una construcción personal, ya que amplío mi percepción, dándome cuenta que hay muchas formas de entender el mundo.

En cuanto a la toma Yagé, por ser mi primera experiencia, en este aspecto no resultó como yo esperaba. Estaba a la expectativa y con algo de miedo a lo desconocido, con inquietudes y dudas al respecto. Pero de alguna forma, aún sin haber tenido ninguna experiencia materializada con alguno de mis sentidos, se y estoy segura que si existió una limpieza espiritual y una reflexión profunda esa noche, lo se por que mi cuerpo lo siente. Aprendí que esta experiencia con el Yagé es una experiencia única e individual que ayuda de alguna forma a limpiar y desbloquear todo lo que uno ha tenido por años.


2.Testimonio de Juan Martín, Comunicador Social, 40 años.

Al oriente de la ciudad
Cotudos, sátiros, retardados mentales, misioneros y hombres blancos, son algunas de las caracterizaciones representadas en las máscaras del Valle de Sibundoy; una muestra de la capacidad de una comunidad para transformar siglos de sufrimiento y vejaciones en humor y crítica.
Cuando las contemplé quedé maravillado. Así fue el primer acercamiento con esta fascinante región y sus gentes. Quería saber más. Días después me enteré del viaje.
Todo indicaba que las cosas marcharían con suerte. Trece personas conformamos el grupo. Salimos de Bogotá en las horas de la tarde, nos esperaba un trayecto de más de dieciocho horas. Partimos con la ilusión de conocer un lugar que para muchos pareciera estar en otro mundo. ¿Será por este motivo que teníamos entre nosotros a un profesor especializado en culturas del Lejano Oriente? Habrá que saberlo después.

Después de pasar una larga noche llegamos a Mocoa, capital del Putumayo. La primera tarea buscar el desayuno. Una vez desayuno listo procedimos a emprender el ascenso a Colón, nuestro destino final. Estábamos hipnotizados con el paisaje, de montañas imponentes que apenas se habían dejado arañar por las máquinas que trazaron la carretera, franqueada por una pared de piedra y por un abismo sin fondo.

La recompensa a tanta espera fue un cálido recibimiento en el Cabildo Inga de Colón, por parte de Serafín, el gobernador del Cabildo, y su familia. Una actitud generosa y abierta que se repetiría con cada una de las personas que conocimos. Qué distinta es mi ciudad, donde a veces no hay tiempo para conocer al vecino y donde la desconfianza y el temor son parte de la realidad diaria.
Un merecido descanso en las aguas termales de las afueras y el ánimo intacto para continuar con la aventura. El verde intenso del valle y las montañas aledañas acompañaban nuestras caminatas a lo largo y ancho del pueblo. Así, conocimos la escuela bilingüe, lugar en que se mantiene con mucha dificultad la identidad de la comunidad, y otros lugares de interés de Colón.

En la casa de Laura, artesana tejedora, estaba el Taita Domingo Tisoy, quien nos ofrecería la toma de remedio al día siguiente. Un personaje entrañable que dejó una profunda impresión en los viajantes.
En el ascenso al páramo de la Rejoya el Taita Domingo dejaría ver sus cualidades