Principal | Yagé y EMC | Salud y Chamanismos | La gente vegetal | Eco-madre tierra | Cuido mi cuerpo | Rico y sano | Hartas Artes |
Culturas y Tendencias | Contactos

Revista
“Visión Chamánica”
Website: www.visionchamanica.com
Director / Editor
Ricardo Díaz Mayorga
c/e:
chamanic@visionchamanica.com
 neochamanic@gmail.com

Tel. Móvil: 310-785 9658
Tel. fijo en Bogotá, Colombia:
302 3044

Su opinión sobre este artículo

Nombre:

E-mail:

Su Comentario:

   

 

 

Comentarios

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto en Home:

http://e-south.blog.lemonde.fr

 

 

 

 

Michel Maffesoli, el célebre profesor de la Cátedra Durkheim de la Sorbona y director del Centro de Estudios de lo Actual y lo Cotidiano de esa institución estuvo en Colombia. Habló del tiempo efímero, de las barbaries contemporáneas, de la política como espectáculo y de la invención de lo cotidiano hoy.
 

 

 

Obras de Maffesoli en español:

Lógica de la dominación, Eds. 62, Barcelona, 1977;

La violencia totalitaria: ensayo de antropología política, Herder, Barcelona, 1982;

El tiempo de las tribus, Icaria, Barcelona, 1990;

El conocimiento ordinario. Compendio de Sociología, Fondo de Cultura Económica, México, 1993;

De la orgía: una aproximación sociológica, Ariel, Barcelona, 1996;

Elogio de la razón sensible: una visión intuitiva del mundo contemporáneo, Paidós, Barcelona, 1997;

El instante eterno. El retorno de lo trágico en las sociedades postmodernas, Paidós, Buenos Aires, 2001;

El nomadismo: vagabundeos iniciáticos, Fondo de Cultura Económica, México, 2004;

La transformación de lo político. La tribialización del mundo postmoderno, Herder, México, 2005.

 

Inicio  >  Cultura y Tendencias >Michel Maffesoli
 

 

 

 

Sociología posmoderna
Las artes de lo efímero hoy
Por Fabián Sanabria

 

Maffesoli acompañado del profesor Fabián Sanabria de la UN.

Foto de Víctor Manuel Holguín/Unimedios


Los asistentes que aplaudieron con fervor al autor del Elogio de la razón sensible, colmaron el Auditorio Virginia Gutiérrez de la Universidad Nacional, la Casa Bolívar y la Biblioteca Luís Ángel Arango, confesándonos en diversos momentos su cansancio ante las reflexiones que suelen saturarnos con tanto “deber ser”, en vez de presentarnos algunos de los sentidos que numerosas dinámicas sociales proyectan a través del simple hecho de religarse al otro, gozando quizás el síntoma promiscuo de recrear instantáneamente un lazo intenso con él. De ese “goce”, o para decirlo en términos de uno de los herederos intelectuales de Georg Simmel, de esa “re–liance”, quedaron algunos trazos que entre notas y paréntesis me permito evocar…

Fabián Sanabria: A las disciplinas sociales (herederas de la teología) les encanta seguir hablando de “deber ser”, tienen la pretensión de seguirnos “salvando” con “nuevos rostros de la caridad”... ¿Estudiar lo cotidiano es una manera de renunciar a la tentación de “hacer el bien”?
Michel Maffesoli: Exactamente. Se trata de ver más acá de los “grandes sistemas”. Más acá de los “micro–poderes” y de la dominación, donde se encuentra y divaga el hombre sin atributos, el día a día, el tiempo que pasa. Y hay que estar a la altura de eso.

Estar “a la altura de lo cotidiano” es, como usted dice parafraseando a algún filósofo, ¿“apreciar la carne de lo social”?
Sí. Porque las disciplinas sociales (entre otras cosas la palabra disciplina nos ha causado mucho mal), se han vuelto abstractas y han perdido el vitalismo de lo que ocurre, del acontecimiento, del transcurrir efímero que es el lazo social. Se podría decir que le hacen falta sentidos a las mal llamadas “ciencias sociales”.

Usted habla frecuentemente del sentimiento trágico de la vida. ¿En qué sentido lo trágico se opone a lo dramático?
En el sentido de que para quienes asumimos el sentimiento trágico de la vida no hay ni historia ni economía de la “salvación”, como tampoco un futuro domesticado. Simplemente las cosas ocurren y los hechos sociales transcurren en momentos que felizmente se diluyen…

Si hablamos de que no hay más salvación en sentido teleológico, sino que predominan “instantes”, ¿no es ésta una “vuelta al paganismo”?
Indudablemente. Se trata de volver a la tierra, que es la raíz de todo paganismo. Porque se puede vivir sin un Dios único, humanamente, ajustándonos a lo que tenemos y conquistamos paulatinamente…

¿Deberíamos asumir en las sociedades contemporáneas una cierta “condición poscristiana”?
Yo diría que hay que asumir, como Baudrillard, un “pensamiento radical”. Es decir, no repatriar más el goce, no posponerlo, sino todo lo contrario: vivirlo plena y auténticamente. Ese es justamente el “instante eterno”, lo que yo he llamado la “sombra de Dionisio” que nos cubre, el retorno de una suerte de “erotismo social”: re–conocer esa especie de SATURACIÓN de todos los órdenes que las instituciones niegan pretendiendo “protegernos”, porque no les conviene que no creamos más en ellas.

Si la moral occidental específicamente se “satura”… ¿Convendría mejor hablar de una “ética inmoral”?
Sí. Hoy día hay que ser inmoral para darle hospedaje a la ética porque el mundo ya no se desplaza linealmente ni circularmente, sino en espiral, siempre abierto y fragmentario, inacabado, aparentemente quieto pero prolongándose a velocidades que producen vértigo.

Y ¿dónde queda la estética, si se quiere las Flores del Mal, no solo las de Baudelaire, sino también las del pequeño Rimbaud que se las apropió?
No puede haber ética sin estética. Eso es lo que justamente proclamaron los poetas malditos que usted cita. El “Yo soy otro” es el mejor desafío del conocimiento social hoy: asumir que no podemos seguir reenviando el otro al mismo, sino que el otro debe ser otro y escapársenos después de que lo rocemos…

Se supone que estamos cansados de “asociar el creer al ver”, ¿ha llegado el tiempo de tocar, de oler, de rozar?
Claro. El mundo de las ópticas está mandado a recoger para ser cambiado por lo háptico, es decir, por los sentidos, los mismos que nos enseñaron a esconder porque supuestamente eran “fuente de pecado”.

Usted señala en buena parte de sus libros, cómo la moral moderna nos obligó a “posponer el goce”, ¿habría que volver al Carpe Diem?
Por supuesto. Porque posponer el goce nos vuelve asépticos y paranoicos. Ya es tiempo de reconocer que las casas de la modernidad se están quemando y no vale la pena salvar pedazos de muebles chamuscados…

Si las “casas de la modernidad se están quemando”… ¿Más nos vale aprender de ciertas culturas juveniles, que reivindican no tener un “proyecto” viviendo como mejor pueden?
Tal vez haya que conquistar lo que muchos jóvenes llaman el “pegante de la vida”.

¿El pegante de la vida es lo cool?
Sí, esa es la palabra fetiche de hoy. Y esa palabra produce cuerpos, estéticas, manifestaciones musicales y deportivas, grandes celebraciones, emociones de las profundidades…

Usted dice que ya no cabe Historia pero sí destino, ¿toca abrirse a las gracias posmodernas?
Pues yo ya escogí y es a ustedes a quienes les toca decidir. Si quieren sigan haciendo ciencia que yo prefiero errar y buscar conocimiento, nacer con… Pero si algunos se ponen a errar –con las incertidumbres que eso conlleva– es posible hacerse señas…

Azares y aventuras son divagaciones juveniles… ¿Algo así como no perder la capacidad de escandalizar?

En efecto.

Entonces resulta grato compartir las pasiones, ¿y las pulsiones también?
Es algo que vale la pena poner a prueba en todo caso. Tratar de rencontrar el sentido orgiástico –que no se debe confundir con los orgasmos– de la vida.

Lévi–Strauss nos enseñó muy bien que el pensamiento salvaje no es el de los salvajes, que todos de algún modo bricolamos y combinamos tantas piezas de rompecabezas que ya no hay identidad sino identificaciones…
Identificaciones múltiples y variadas. Se puede ser un prestigioso profesor de día y un cliente riguroso de una casa nocturna al abandonar la universidad.

Pero hay cosas que parecen volver como las capuchas que usan tantos jóvenes que parecen “monjes posmodernos”…
A eso me refiero con El re–encantamiento del mundo. La moda va y vuelve y hoy cada vez pretende volvernos más ligeros. ¿Qué no decir de los aparatos tecnológicos que parecen pegársenos a la piel como el teléfono móvil?

O sea que ¿ya no hay que domesticar el mundo sino quizá dejarnos envolver por él?
Aproximadamente, porque el mundo ya nos ha envuelto

¿Qué hacer entonces en la Universidad, una institución tan conservadora como la sagrada familia?
La universidad proviene de la palabra universitas, es decir, es el claustro separado de la catedral donde se formaban los clérigos. El problema es que la universidad no ha hecho sino formar párrocos…

¿Toca entonces renunciar a la “torre de marfil” de la academia?
Gramci tenía razón cuando hablaba del “intelectual orgánico”. Hay que reconocerse como parte de lo que se describe para poder pasar de lo construido a lo dado. No hay que buscarle tantas paranoias al don. Hay que en buena medida “dejarse dar” y “dar”.

Entrevista tomada de UN Periódico, edición Nº 122 de Mayo 10 de 2009.
http://www.unperiodico.unal.edu.co
 

Lea un artículo de la profesora Laura Chuaqui Numan que establece las fuentes de la sociología de Maffesoli, los conceptos más utilizados y las problemáticas abordadas por este autor en: http://www.umce.cl/revistas/dialogoseducativos/dialogos_educativos_n1_articulo_06.pdf

 


Principal | Yagé y EMC | Salud y Chamanismos | La gente vegetal | Eco-madre tierra | Cuido mi cuerpo | Rico y sano | Hartas Artes | Culturas y Tendencias Contactos

Copyright 2002- 2015 © Visión Chamánica
Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción total o parcial del material textual y gráfico de esta página, así como su traducción a cualquier idioma, sin autorización escrita del editor.
Director-editor: Ricardo Díaz Mayorga chamanic@visionchamanica.com 
Teléfonos en Bogotá: 302 3044
Móvil:
310-785 9658
Bogotá, Colombia