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Simposio de Intelectuales Indígenas de A.L.
Intelectuales Indígenas de América Latina se reunieron el 5 y 6 de Abril de 2006, en Santiago de Chile, convocados por el Centro de Estudios Culturales Latinoamericanos de la Universidad de Chile. Se reproducen los resúmenes de 17 ponencias presentadas y los discursos de apertura y cierre de los convocantes del evento. Reproducimos a continuación el discurso inaugural del profesor José Luis Martínez.

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Palabras de bienvenida de la Comisión Organizadora, Prof. José Luis Martínez.

A nombre de la Comisión Organizadora del Seminario Internacional “Intelectuales indígenas piensan América latina”, permítanme darles la más cordial y afectuosa bienvenida a esta casa universitaria y a esta reunión.

Hace sólo 6 años atrás, el señor rector apoyó una iniciativa que por aquellos días aún parecía extraña a muchos en la Universidad: reunir a algunos intelectuales mapuche con académicos de nuestra casa de estudios para iniciar una reflexión sobre las demandas que esos intelectuales y profesionales podían hacernos para repensar las formas y los contenidos de la formación que entregábamos a nuestros estudiantes, en especial, las carencias universitarias respecto de una formación intercultural que diese cuenta de la heterogeneidad de nuestro país. Así se realizó el año 2000 un “Encuentro Intercultural entre intelectuales mapuche y académicos de la Universidad de Chile“, organizado por este mismo Centro de Estudios Culturales Latinoamericanos que hoy los invita y por la cátedra de Antropología Jurídica de la Facultad de Ciencias Jurídicas. A pesar de la buena voluntad y del apoyo que recibimos de parte, también, de la Vicerrectoría académica, pocos fueron los asistentes. Nos reunimos en una pequeña sala de la Torre 15. No está demás decir que no alcanzamos los objetivos que nos habíamos trazado. Pareciera que la Universidad no estaba aún preparada para ese encuentro.

Si traigo este hecho de memoria a colación, es porque hoy estoy convencido que los tiempos y las sensibilidades han cambiado. La presencia de destacados intelectuales indígenas de diversas naciones originarias, que aceptaron nuestra convocatoria; nuestra presencia aquí, en la Casa Central; la asistencia de tantos estudiantes, entre otros aspectos, parecen ser los síntomas más claros de algo que como Comisión Organizadora nos parece evidente: nuestro país es, como el resto de América Latina, intercultural y debe prestar atención a lo que nos tienen que decir y demandar aquellos que, como los intelectuales indígenas, han pasado por nuestras aulas y por otras como éstas, en otras universidades y que hoy tienen toda una reflexión sobre esa formación, así como respecto del papel que ellos y las universidades estamos llamados a desempeñar en nuestros respectivos contextos nacionales y regionales.

El Centro de estudios Culturales latinoamericanos viene realizando reuniones internacionales anual, para contribuir a la creación de espacios que nos permitan pensar América Latina desde un país que, por lo general, se resiste a hacerlo y que con frecuencia mira más hacia Europa o Estados Unidos que hacia nuestros vecinos más directos. Con ello, creemos, aportamos a la Misión de la Universidad de contribuir al debate de los grandes temas de país. Y pensar y conocer América Latina y conocer y re-conocernos en las sociedades indígenas que pueblan este continente son, ciertamente, algunos de esos grandes, enormes temas sobre los que hay que hablar, actuar, pensar, escribir y volver una y otra vez, majaderamente, porque parecen ser esenciales para cualquier sueño de futuro que queramos tener.

Como les decía, hace ya varios años que venimos organizando seminarios internacionales. Académicos pensando América latina; intelectuales y políticos reflexionando sobre la modernidad y postmodernidad en nuestro continente; los problemas de la nación y los nacionalismos, han sido algunos de los temas de esos seminarios. El de ahora presenta ciertas singularidades que, a nombre de la Comisión Organizadora, quisiera destacar.

Es el primero, creo, en el que los académicos les cedemos por completo la palabra a nuestros invitados indígenas. Más que construir un diálogo (cosa que siempre está presente, por favor), lo que queremos es escuchar. Tenemos muchísimo que aprender escuchando, antes que oyéndonos a nosotros mismos. Y esto no es simple acto de cortesía o una actitud “políticamente correcta” (pueden ser ambas cosas, claro), pero eso no es lo central. Tal vez el nuestro pueda ser más bien un acto interesado. Sentimos que nos faltan muchísimos elementos para acercarnos a una mejor y más completa comprensión de lo que está ocurriendo hoy día en el continente respecto de las sociedades indígenas. Son pocos los ambientes universitarios en la región que se han abierto a este tipo de reflexión o que han incorporado demandas académicas surgidas de los mundos indígenas. Y es por eso que queremos escuchar.

La segunda característica de este seminario, es su temática. Qué duda cabe que desde hace al menos dos décadas los movimientos sociales indígenas han asumido un enorme protagonismo. El contraste debe ser brutal para quien recuerde lo que se planteaba en nuestras universidades entre los años 60 y 80 del siglo XX. En esos años, a los estudiantes interesados en las sociedades indígenas usualmente se les enseñaba que se trataba de colectividades “en extinción” y eso se les transmitió, probablemente, a varios de nuestros invitados. Se trataba, además, y esto era parte del lenguaje académico de esos años, de sociedades “minoritarias” al interior de los conciertos nacionales. Y cuando se abordaban los problemas “de la nación”, obviamente quedaban excluidos incluso como grupos humanos. Desde esta perspectiva, lo menos que tenemos que reconocer, es que tenemos una suerte de “deuda histórica” intelectual y académica que los esfuerzos aislados de pequeños centros académicos no logran disculpar y que, también, tenemos que correr para ponernos al día. Porque lo que está ocurriendo es que al menos desde los años 80 los movimientos indígenas se han transformado en referentes de la movilización nacional en América Latina y en algunos países –en varios- son los conductores de esas movilizaciones, permitiendo que otras organizaciones como las sindicales o poblacionales, se unan detrás de ellos. Y lo que pasa, también, es que la mayoría de los movimientos sociales indígenas exhiben una potente reflexión sobre lo nacional, sobre los estados y sobre los destinos continentales. Y si universidades como la nuestra se abrieron a escuchar al mundo popular en los años 60 y 70s del siglo XX, pareciera que hoy hay que hacerlo nuevamente.

Finalmente, también una palabra sobre nuestros invitados. La categoría de “intelectual indígena” aun suena extraña para varios. Lo tradicional ha sido buscar una interlocución, un conocimiento y una relación con los dirigentes indígenas, sean ellos “tradicionales” (es decir, surgidos de las estructuras políticas comunitarias: lonkos, mallkus, kurakas, caciques, etc.) o sociales (dirigentes de organizaciones y colectivos). A partir de esos mismos años 80 o 90 del siglo pasado, sin embargo, empezó a ser evidente que en los mundos indígenas había un conjunto de personas que estaban generando una reflexión propia sobre si mismos y sobre sus sociedades y los desafíos que enfrentaban, y que lo hacían a partir de un cruce entre sus propias prácticas culturales y su identidad de indígenas -explícitamente asumida como tal-, y de su formación universitaria. Se trata de un tipo de pensamiento que propone nuevas claves de comprensión, a veces incluso extrañas a sus propias sociedades de origen. En Francia se ha propuesto el concepto de passeurs, barqueros que unen orillas culturales, para describir su posición. Algunos de ellos pueden pertenecer a movimientos y organizaciones indígenas, otros no; o pueden ser más o menos representativos de sus colectividades, pero no es eso lo que los ha reunido aquí. Ellos tienen una reflexión propia, un pensamiento individual que el mundo académico necesita conocer y re-conocer. Por esto los invitamos. Porque los conocíamos, porque habíamos oído hablar de ellos, porque hemos estado en otras reuniones académicas con ellos. Porque son, finalmente, amigos y colegas a los que deseamos oír.

Para terminar, quiero dejar expreso y público agradecimiento a nuestros patrocinadores y auspiciadores. A la Oficina en Chile de UNESCO; al Proyecto Mecesup UCH0209; a la Rectoría de la Universidad de Chile; a la Dirección de Organizaciones Sociales (D.O.S), del Ministerio Secretaría General de Gobierno; al Convenio Andrés Bello, en Bogotá, Colombia; a la Comisión Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI); al Ministerio de Planificación (MIDEPLAN) y a la Facultad de Filosofía y Humanidades de esta Universidad.


Una mención súper especial va a todo el equipo de la Comisión Organizadora, empezando por la profesora Claudia Zapata y por las y los ayudantes María Olga Ruíz, Alejandra Bottinelli, Constanza Symms, Karen Cea, Raúl Rodríguez, Martín Centeno, Felipe Curivil, Fernanda Moraga y Valentina Letelier. No es simplemente una frase de buena crianza señalar que todo esto no hubiera sido posible sin ellos. Es que efectivamente, así ha sido. Organizaron, movieron, conmovieron, pegaron afiches, convocaron, reunieron y nos juntaron aquí. Muchísimas gracias a todos ellos.

Muchas gracias

 
R


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