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Alquimia de las Plantas

Un alquimista en el siglo XXI

Reportaje con Oswaldo Ojeda Moncayo

Por: Ricardo Díaz Mayorga

Fotografías de R. Darío Rivera Vega

Es difícil encontrar a los que se salen del molde –de lo manido, de lo comúnmente aceptado, de lo que hace o dice ‘todo el mundo’–. Y en procesos que impliquen valor agregado a productos que luego se comercializan, más aún: los procesos industriales atrapan a sus ejecutores en los conceptos de productividad, eficiencia, escalas productivas, aceleración de procesos, minimización de costos y maximización de utilidades…  

Pero encontramos uno. Parece un personaje sacado del siglo XXVII, pero fresco y esperanzador para esta época de recalentamientos.

Oswaldo Ojeda Moncayo nacido en Pasto, Colombia, hacia la mitad del siglo pasado, y establecido en Bogotá desde muy joven, dedica hoy en día su tiempo y su pasión a la extracción de aceites esenciales de plantas, de las que previamente estudia sus propiedades y usos tradicionales recopilando información de diversas fuentes. Esto lo está haciendo desde hace unos 25 años, puesto que antes tuvo un trayecto de vida que cabría en por lo menos una novela.

En Bogotá, en los intensos finales de los años 60 y comienzos de los 70 estudió ingeniería industrial en la universidad Incca, creada y regentada en ese tiempo por el intelectual Jaime Quijano Caballero, de quien Oswaldo guarda un admirativo y agradecido recuerdo. Allí hizo sus estudios que perfilaron su vocación por la ingeniería de procesos y por la investigación hasta que topó, él y su universidad, con un ministro de Educación atrabiliario y retrógrado de la época –Octavio Arismendi–, que se oponía a la aprobación de la universidad Incca y se dedicó a perseguirla, y en los rifirrafes como dirigente estudiantil de las protestas generadas se le embolató la culminación de la carrera y el título como ingeniero. Pero no la curiosidad científica ni el espíritu investigativo. Sus primeras prácticas como tecnólogo las hizo con la siderúrgica de Paz del Río, una empresa líder en su tiempo del incipiente desarrollo industrial de Colombia, y allí se dio cuenta que ese tipo de proceso industrial no era lo suyo; “eso repele a mi modo de ser, hay que ver como destruyeron el valle de Sogamoso, la tragedia que crearon con los sólidos de los silos, por no usar los hornos adecuados y por la prevalencia de la utilidad económica”.

Oswaldo Ojeda en medio de los frascos con aceites esenciales, en su laboratorio.                             Foto: R.Darío Rivera Vega

Luego salió del terruño. Viajó a Francia donde hizo tránsito por diferentes universidades y materias: accedió a un nivel más avanzado de la ciencia y la tecnología, conoció laboratorios físico-químicos de última generación en su tiempo; estudió astronomía llegando a construir sus propios telescopios. Pasó también por Inglaterra, donde además de estudiar los procesos electroquímicos, conoció también la electrotecnia y procesos de maquinado avanzados. Paradójicamente, complementando su vocación tecnológica con el que sería el mandato autoimpuesto de función social en su accionar, estudió Etnología y tuvo su primera aproximación al Egipto de milenaria cultura.

Viaja luego por el Magreb, norte de África: Argelia, Marruecos… y allí conoce la cultura milenaria de los berebere y su utilización antiquísima de la medicina de la cannabis, de la que hoy en día –nos cuenta– “se sabe su utilidad para estabilizar la parte endocannabinoide del cerebro humano, pero además útil en la solución de problemas neuronales, de artritis, de fibromialgia, de epilepsia… es una planta fabulosa, es un oxitócico –limpia y oxigena la sangre–, es además euforogénico, produce alegría en las personas: nunca se ha probado que sea origen de crímenes o perversidad”.

Luego estuvo en España, en el Sur y en Valencia, donde también extraen aceites de muchas plantas, “ellos heredaron las técnicas árabes y orientales”. Por aquél tiempo Oswaldo solo asimila información sobre estos procesos, sin saber que un día se iba a dedicar a eso… “mi conciencia aún no se había despertado. Eso sí, como dicen los italianos, guardaba conocimientos en una ‘cartera que todos tenemos’ para cuando algún día los necesitara”. También vivió un tiempo en Nueva York, donde conoció procesos de producción artesanal de vino en pequeñas fábricas.

De vuelta a Colombia, su espíritu investigativo e innovador lo embarca en una experiencia de recuperación genética de la gallina criolla colombiana “que pone unos huevos de color azul y verdoso, de mejor esqueleto y más resistentes que las gallinas extranjeras”. Él quería sacar un híbrido entre la gallina criolla y una gallina isa braum, francesa. A este proyecto dedicó siete años en una finca familiar en La Vega, hasta que se estrelló contra los intereses de una gran empresa de los Santodomingo y con los bancos que le bloquearon la financiación.

Y llegó el encuentro con las plantas

De regreso, al establecerse nuevamente en Bogotá, se encuentra con la enfermedad de Parkinson de su madre, en manos de neurólogos con los peores pronósticos. “Sabiendo que tenía que ver con el sistema nervioso central, empecé a averiguar la composición química de los elementos que actúan sobre él y se me ocurrió que la solución era sacar esos principios activos de las plantas. Me apliqué entonces a diseñar los procesos para hacer esa extracción”.

En ese proceso de asistir y prolongar la vida de su mamá, Oswaldo utilizó varias plantas, entre ellas el yagé, y llegó a la identificación de “unas moléculas perfectas que produce la Naturaleza para remediar problemas del sistema nervioso central y que son todas las que contienen sesquiterpenos”. Los sesquiterpenos son aquellas cadenas carbónicas de quince átomos de carbono presentes en los aceites esenciales y con propiedades antibióticas y odoríferas.

Apoyado en los textos clásicos en nuestro medio sobre plantas medicinales, de García Barriga, Eugenio Arias, Hugo Rangel, comenzó a estudiar las plantas que contenían sesquiterpenos, constatando que son muy pocas, entre las cuales están la valeriana (Valeriana officinalis), la manzanilla (Matricaria chamomilla), el vetiver (Chrysopogon zizanioides). Comenzó la extracción de aceite esencial con el vetiver, que aplicó a la enfermedad de su madre, logrando su disminución con el tiempo, “la naturaleza no actúa rápido y menos en enfermedades que son crónicas”.

Talvez lo más llamativo del proceso de extracción de Oswaldo Ojeda sea su “visión alquímica”, –¡sí, la del dios grecoegipcio Hermes Trismegisto y la del médico medieval Paracelso!–. Él lo dice así, “en la Alquimia descubrí el secreto que ha sido suprimido por la cultura moderna: que el ser humano y todo el cosmos se desarrolla en tres planos: el cuerpo físico, el cuerpo mental y el cuerpo espiritual; somos trinitarios, todo lo es.” En la alquimia, a cada uno de esos niveles se asocia un elemento, no en el sentido material sino simbólico: al espiritual el mercurio, al mental el azufre y al físico las sales o minerales. Pero, para Oswaldo la alquimia no es una disquisición retórica sobre principios abstractos, sino algo concreto, una ‘guía para la acción’.

Y es aquí donde él acude a su “cartera de conocimientos guardados” para atar cabos y recordar sus estudios de etnología y de la antigua civilización de los egipcios: La recuperación de esos principios totalizadores del ser, de la integralidad de la vida humana, es lo que guía su actividad extractiva de los aceites de las plantas.

Dicho proceso de extracción que utiliza y que considera “limpio” es por arrastre de vapor, método antiquísimo, utilizado desde la China antigua y diferentes civilizaciones, y que no adiciona ni utiliza solventes químicos en su desarrollo: “la molécula de agua es grande, es como un tractor, puede cargar hasta veinte átomos de carbono y puede por tanto cargar las cadenas carbónicas, las más pesadas de los sesquiterpenos p.e., que se pegan a la molécula de agua y salen por puentes a un sitio donde la condensación del vapor libera las moléculas de aceite que cae a probetas ya separado”. En los procesos industriales de extracción, que utilizan solventes como el éter, el ácido clorhídrico o el metacloruro de carbono, quedan en los aceites obtenidos trazas venenosas de esos solventes químicos, por eso no se pueden consumir vía oral.

El proceso alquímico de Oswaldo Ojeda, que garantiza la integralidad del resultado es descrito por él así: “En la fitoterapia que yo trabajo es imperativo extraer de la planta todo –no solo los ‘principios activos’–: el aceite esencial a la planta, luego al residuo que queda extraerle las resinas, y lo que queda de la planta se lleva a calcinación para romper la estructura orgánica y permitir que afloren los minerales que la planta tenía metabolizados. Y luego hay que volver a compilar: El mercuriosegún la alquimia– del aceite esencial, el azufre de las resinas y las sales o minerales. Así vuelves a tener el poder de toda la planta. Por ejemplo, en la valeriana, no solo el valium –principio activo– es efectivo: tienes que extraer el aceite, las resinas y los minerales, y recomponer todo para tener una medicina perfecta”. Los aceites extraídos por Ojeda son por lo tanto integrales, orgánicos y limpios.

Al recabar en el aprovechamiento integral de la planta y en la importancia de la complementariedad de sus partes, Ojeda acude a la metáfora de una construcción: las moléculas principales equivalen a los ingenieros, arquitectos y diseñadores de la obra, las trazas son los obreros –millares de obreros– que se encargan de ejecutar innumerables tareas, sin las que la acción de las moléculas principales sería como la de un general sin soldados. Las trazas son en bioquímica elementos presentes en cantidades ínfimas en un compuesto –en cantidades menores de cien partes por millón–. Marcando la diferencia de su actividad extractiva artesanal con la de la industria química y farmacéutica, señala como ésta “extrae solo los principios activos fuertes, la parte molecular que interesa que actúe rápidamente sobre un órgano”.

Como ya se ha mencionado, las primeras plantas que Oswaldo trabajó fueron aquellas que actúan sobre el sistema nervioso central. Esquematizando la estructura humana como una máquina, la parte más importante es el cerebro y en él el hipotálamo, que hace el papel de disco duro: da las órdenes a las demás y desempeña un papel homeostático que controla los demás sistemas. En ese sistema, llamado endocannabinoide por la fisiología es que actúan los cannabinoides contenidos en la cannabis, “utilizada por todos los imperios y civilizaciones; aquí en Colombia, después de miles de años de uso medicinal, por fin la aprobaron”.

Plantas y sus usos, cuáles son las elegidas

La selección que hace Ojeda de las plantas a las que extrae aceite esencial está orientada por los problemas de salud de la gente.

Para los problemas respiratorios ha extraído el aceite de eucalipto (Eucalyptus melliodora). El romero (Rosmarinus officinalis) sirve para el sistema circulatorio, destruye las grasas y el colesterol en la sangre, es cardiotónico, tónico cerebral, desbloqueador del hígado, puede evitar problemas de vértigo por falta de circulación en el cerebro; también es útil en el cuidado del cabello y usos cosméticos. “Colombia podría llegar a ser un exportador de cosmética de origen vegetal”. El ciprés (Cupressus sempervirens), también trabaja sobre el sistema circulatorio, es astringente, trabaja para evitar hemorragias de cualquier tipo, sean de sangre, o diarreas, o de orina; sirve para la cistitis, problemas de ovarios; problemas asociados a la menopausia, como calores y flujos calientes; hemorroides, venas varicosas, capilares rotos, para el cuidado de la piel, lo que le da una enorme trascendencia en cosmética: se dice que no hay perfume fino que se precie que no lleve una gota de aceite esencial de ciprés… “sí, en la gran perfumería, que es otro desarrollo pendiente de Colombia para salir a otros mares, a otros sistemas de vida que producen mucha riqueza y salir de esta tragedia que es haber caído en manos de la mafia de la cocaína, satanizando esa planta…”.

Al respecto de la coca, nos lee, de un documento inédito de Saulo Muñoz, sobre sus propiedades: Tiene calorías, proteínas, carbohidratos, grasas, magnesio, calcio en cantidades, hierro en cantidades, zinc, cobre, sodio, vitamina C, el complejo de vitaminas B1, B2, B6, B12; tiene la vitamina A, la E, niacina, tiene ácido fólico, tiene yodo, fósforo, biotina y ácido pantoténico, “quitarle todas estas propiedades a una planta para extraerle solo el alcaloide de la cocaína es un crimen. Se podrían por el contrario establecer industrias de alimentos para dar de comer a humanos y animales, ahorrándonos muchas importaciones y el dinero que se gasta en perseguir esta planta.”

Oswaldo Ojeda hablando de su proceso de extracción a Ricardo Díaz en una de las entrevistas para la realización del reportaje / Foto: R. Darío Rivera Vega

 

Luego siguió con los cítricos, buenos para limpiar el sistema digestivo, para limpiar los riñones, el hígado, la vejiga “que es una talega maloliente llena de orines permanentemente, y si no se limpia ¿cómo será eso?” El aceite esencial de naranja es prodigioso: restaurador de la flora intestinal, limpiador de los vellos intestinales, destructor de grasas igual que el romero, además reconstructor de los sistemas. También en el sistema digestivo, el colon que retiene materia fecal requiere de sustancias que eviten la putrefacción; el aceite esencial de mandarina sirve para eso. Si hay virus en el sistema digestivo, o la común Helicobacter pilori, que produce los síntomas de la gastritis: agrieras, reflujo, se aplica el “novenario” con aceite esencial de limonaria (Cymbopogon citratus) que limpia esa bacteria. El novenario –nueve días–, es el término de un tratamiento según Ojeda “una botellita de 5 mililitros empaca una dosis  que dura los nueve días y que le permite deshacerse del Helicobacter, limpiar el colon, el riñón, el hígado, la sangre, estimular un poco el corazón, tónico cerebral… Nada de eso le sobra a uno o al cuerpo humano…”

Es llamativa y muy sencilla de comprender la visión de Oswaldo sobre el ‘limpiar los órganos del cuerpo humano’: “por mi concepto de ingeniero yo lo veo como una máquina: si el motor falla, puede ser una máquina nueva, pero si se tapó la gasolina porque la echaste con agua y no enciende, entonces hay que lavar parte por parte. En el ser humano eso solo se puede hacer con los aceites esenciales de las plantas”.

Nos explica luego sobre el tomillo  (Thymus vulgaris): “El tomillo entró un poquito tarde porque no me fue tan fácil llegar a él, pero llegué. Ese es un prodigio hasta en tratamientos de sífilis; bueno ahora está el VIH… pero lo mismo. Él ha trabajado en infecciones brutales del cuerpo humano, contiene dos alcanfores –el timol y el carvacrol– que se consideran como los germicidas más poderosos que existen en la naturaleza”.  Agrega como ese bactericida poderoso puede ser utilizado como dentífrico, siguiendo la utilización de pueblos de antiguas culturas: “quince gotas de aceite esencial de tomillo diluidas primero en unos 20gr. de etanol puro –de 96grados– y diluidas luego en un litro de agua, que te garantizan no tener caries, ni piorrea, ni inflamación de las encías, ni cálculos; todo eso porque baja la carga bacteriana en la zona del cuerpo que más bacterias malas tiene, y logras por tanto, estar bien de la garganta, de la laringe, de la faringe y pulmones desinfectados”.

Más plantas y creando escuela

A este momento, estamos realmente emocionados de todas las revelaciones que nos hace Oswaldo sobre el poder de las plantas y contagiados con su pasión en la forma como las explica y defiende: “Cada aceite es como un corredor por donde vas, y se abren unos pasillos y se cierran otros, pasillos de información y cualidades, sales de uno y entras a otro… en cada uno vas encontrando otro aceite, y otro, y así se encuentra uno con aceites mágicos. Por ejemplo, el palosanto (Bursera graveolens), es maravilloso su poder medicinal para que se diga que dos gotas de su aceite esencial reemplazan una sesión de quimioterapia, porque él hace una quimioterapia vegetal y él hace, además, igual que la cúrcuma (Curcuma longa), el prodigio de la apoptosis –destrucción celular provocada por el mismo organismo– de las células cancerígenas, es decir, el aislamiento de solo las malas. La cúrcuma ‘tiene memoria’, esos millones de obreritos se encargan de descubrir células malas y aíslarlas y así, la cúrcuma aliada con la pimienta negra puede desaparecer un cáncer”. Para potenciar el efecto anticancerígeno Osvaldo agrega al aceite de cúrcuma el extracto de pimienta negra. Sin embargo, y para no crear falsas expectativas, advierte que el resultado de reversión de los tejidos afectados depende del estado de avance del mal. Sobre el palosanto nos habla también de su uso para el tratamiento de la esquizofrenia. En cuanto al tiempo de tratamiento indica que en fitoterapia se habla generalmente de tres meses.

Nos habla también del nardo (Nardostachys grandiflora), que es sedante, tranquilizador, limpiador de las vibraciones, desinfecta el ambiente; útil para mejorar las relaciones interpersonales, para crear ambientes nuevos. Y del prontoalivio (Lippia alba) o ‘siete médicos’, que sirve para el sistema digestivo, es también sedante y somnífero. Y sobre el jengibre (Zingiber officinale), “con esa hasta ahora vamos a comenzar”, es desinfectante, tonificante, digestivo, diurético, antigripal; también se utiliza como saborizante en gaseosas y como condimento en culinaria…

En fin, lleva trabajadas hasta la actualidad unas 30 plantas “Con una sola planta tendría uno para dedicar toda la vida. Siempre tiene uno que avanzar y devolverse, pero es que cada planta de esas lo hace pensar a uno mucho y tenemos la responsabilidad  de recalcar una y otra vez sobre el respeto que debe haber hacia ellas. La gente me habla sobre otras plantas y me las sugieren, pero cada una requiere investigación  y para entrar a proceso habría que desplazar a otras que ya están en producción…”

La labor de Oswaldo no se limita a la producción de los aceites mencionados. También desarrolla un trabajo pedagógico con comunidades campesinas, a las que prepara y orienta en el establecimiento de dispositivos de producción sencillos y de bajo costo, de “química orgánica artesanal” los llama. Nos cuenta, por ejemplo, de una experiencia que adelanta con comunidades afrodescendientes e indígenas emberas del Chocó, en la zona de Bojayá, dónde, en la Estación establecida, ya producen aceite esencial de cúrcuma y están para entrar en fase de producción del de jengibre; en estas comunidades alejadas de todo y cercadas por la guerra se está abriendo una perspectiva de desarrollo… También con campesinos de Puentepiedra, Subachoque, o en el municipio de Arbeláez, Cundinamarca. Estas labores las adelanta con el Centro de Investigación en Ciencias Aplicadas, empresa que creó, con el nombre y en homenaje de su maestro Jaime Quijano Caballero, para dar soporte institucional y jurídico, además de permanencia independiente de su persona a la actividad investigativa y extractiva. Para ésta actividad diseña equipos y procesos que quedan de propiedad de las comunidades, que siguen desarrollando su actividad de manera autónoma.  Algunas de estas actividades las ha desarrollado en alianza con la Corporación Minuto de Dios.

Él no quiere publicidad, “yo quiero vivir como un ser normal”. Con la red actual de médicos, terapeutas alternativos, psicólogos y amigos que demandan su producción, dice no dar abasto. No tiene pretensión de convertirse en una gran empresa o desarrollar un gran negocio… Siente su responsabilidad y su ética en la dimensión del servicio y de ayuda a la gente.

Terminamos convencidos de que hay aún muchas más cosas que podríamos conocer de su actividad y de las maravillas sobre la magia de las plantas que Oswaldo Ojeda maneja. Pero con lo reseñado creemos dar una idea de la importancia de su trabajo. Al terminar le agradecemos su tiempo, su paciencia y su generosidad al contarnos su vida y sus ‘secretos’. Y cierra él así: “Ésta es la actividad que me tocó a mí, y que se ha convertido en razón y sentido de mi existencia. El día que pierda la salud pido a la vida que me lleve, aunque mi cuerpo lo siento perfecto, gracias a los aceites esenciales que me han auxiliado en los problemas que de todas maneras uno tiene, pero el fin llega en todo caso. Y si esto sirve a alguien, bendita sea la Madre Naturaleza.”

Bacatá DC, Mayo-Junio de 2016.

El redactor de este reportaje agradece el acompañamiento de Rubén Darío Rivera Vega y sus magníficas fotografías.

Publicado en junio 29 de 2016

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Apreciado Lector

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Comentarios

Apreciado Ricardo. Gracias por dejarme degustar de tu trabajo que realza las piezas claves de la vida en este planeta: las plantas.

Un abrazo,

Jorge Ronderos – Sociólogo PhD

Manizales

Julio 2 - 2016

 


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