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Cannabis medicinal

La mata que no mata

Por Roberto Romero Ospina


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Cannabis medicinal en presentación de aceite esencial- Ilustración de marihuanacurativa.es.tl  



Corrían los años sesenta del siglo pasado y en Colombia apenas si comenzaba el uso recreativo de la marihuana. Quizá en el Caribe empezó esa onda frenética que hoy da cuenta de millones de consumidores.

Nunca se me olvidará aquel concierto de Daniel Santos en 1962 que presencié con un grupo de amigos de colegio en Barranquilla. Me acuerdo perfectamente del escenario: el popular cine Ideal que también servía para eventos, con sus hileras de sillas de palo y por supuesto sin techo para evitarse el costoso aire acondicionado de las salas estrato seis. Ese día el cantante fue sorprendido una vez arrancó su tanda musical. Era tal la acogida al “inquieto anacobero” que desde las primeras filas decenas de seguidores le lanzaban cachos de marihuana, incluso ya prendidos, sabiendo de su gusto por el cannabis. El maestro no opuso ninguna resistencia al gesto cómplice de sus seguidores y por el contrario,  tomó algunos de los “baretos” aprobando su calidad ante los aplausos de todos. Pero la Policía no simpatizó con la muestra de cariño y a la salida montaron su operativo.

Eran, por supuesto, los tiempos de la marihuana regular pues aun no aparecía la famosa Santa Marta Golden y mucho menos las “cripas” que con semillas europeas han inundado el mercado en la última década.

La  "cripacontiene altas concentraciones de tetratahidrocannabinol, THC, el principal componente psicoactivo de la marihuana, un 12 y hasta un 24% sobre apenas 1% de  cannabidol CBD, que no es psicoactivo y está más asociado con las propiedades antiinflamatorias y ansiolíticas de la marihuana.

Aquella marihuana del Ideal estaba repartida en partes iguales de 1 y 1% de THC y CBD, pero no impedía que sus consumidores tuvieran la “traba” que apetecían y sin los malos “videos” para quienes se pasan de la raya con las modernas cripas. Jamás se tuvo noticia en la Costa que la marihuana hubiera sido la causante de la violencia que se vivió en los años ochenta por esa pertinaz y equívoca asociación del crimen con su consumo.

Masacres sin cuento y toda suerte de atropellos del paramilitarismo que sufrió la región nunca fueron causadas por su uso. La yerba solo servía para la recreación más gosoza de estos pueblos alegres y pacíficos y de la cual no estaban al margen sus más connotados artistas que nunca negaron su consumo.

Pero llegaron las campaña  de una supuesta lucha “a  fondo” contra el narcotráfico y se inventaron el lema contra la hoja de coca, en la era de Uribe,  de “La mata que mata”, cobijando a plantas que nada malo podían ocasionar. Y en eso cayó la marihuana, una planta milenaria utilizada como medicina por muchos pueblos antiguos, en la China, en la India o entre los pueblos árabes del Magreb, donde los bere bere desarrollaron usos terapéuticos sofisticados del cannabis, aunque también usos recreacionales, que nunca fueron estigmatizados.

Hoy las cosas han cambiado y comienza a primar el realismo de parte de los sectores dirigentes. Y ante el fracaso de la guerra contra el narcotráfico, no hay más  remedio que sintonizarse con los nuevos tiempos y legalizar lo que parecía imposible: la marihuana medicinal que ya viene pisando fuerte desde hace varios años con ungüentos, aceites y toda suerte de remedios.

La Corte Suprema había aprobado en 2012 una ley que permite a los colombianos consumir hasta cinco gramos de marihuana como uso personal, aunque  el Congreso, a diferencia de varios países insiste en frenar cualquier tipo de legislación que le de legalidad plena al consumo recreacional de la misma.

Pero volvamos a nuestra marihuana medicinal. El presidente Santos firmó el pasado 8 de julio la ley 1787 por la cual se aprueba  el uso de la marihuana con fines medicinales y científicos en Colombia convirtiéndose en el cuarto país de América Latina en tomar esa medida.

Esta ley, que consta de 19 artículos, exige que se cree “un marco regulatorio que permita el acceso seguro e informado al uso médico y científico del cannabis y sus derivados en el territorio nacional”. Este marco regulatorio deberá ser expedido en un término máximo de dos años, a partir de la sanción presidencial de esta ley.

Además establece que los Ministerios de Justicia, Salud y Agricultura reglamentarán la producción, comercialización, fabricación y cultivo, entre otros, de la marihuana en el país. Asimismo será el Ministerio de Salud el encargado de reglamentar el cannabis como uso médico y de otorgar las licencias para su cultivo.

Cabe recordar que esta ley fue promovida en el Congreso por el senador liberal Juan Manuel Galán y siempre tuvo el apoyo del presidente Santos, ya que hace parte de la nueva estrategia del Gobierno para reenfocar la lucha contra las drogas.

Aun considerando la marihuana en términos generales, no solamente en su uso medicinal, la evidencia demuestra un daño menor causado por la marihuana en comparación con otras sustancias legales o ilegales, incluyendo los medicamentos farmacéuticos de uso frecuente.

Por un lado, hay una mayor mortalidad asociada al alcohol y al cigarrillo, mientras no hay una muerte documentada por sobredosis de marihuana en el mundo. Por otro lado, un estudio que consulta la opinión de científicos de diversas disciplinas determina que las sustancias que más daño producen a los consumidores y a los demás son el alcohol, la heroína y el crack, dejando a la marihuana en un nivel mucho menor de riesgo. El propio ministro de Salud, Alejandro Gaviria, afirmó apenas el presidente promulgó la ley que “en muchos aspectos fumar marihuana es más seguro que consumir alcohol”.

Sin embargo, no han faltado las voces opositoras.  Para algunos la regulación del mercado medicinal da pie a la legalización del uso recreativo de la hierba, como lo considera el procurador general, Alejandro Ordóñez. “En el contexto internacional, cuando se pretende legalizar la droga, se ha empezado primero por la legalización de la marihuana para efectos terapéuticos y acto seguido con la legalización para efectos recreativos”, dijo el jefe del Ministerio Público.

La marihuana se puede usar bien

Pero como ha puntualizado el científico colombiano Rodolfo Llinás “Que la marihuana se use mal no implica que no se pueda usar bien”, y agrega el doctor Llinás en la misma entrevista: la marihuana usada de modo inteligente tiene beneficios para la salud que son sumamente importantes”. Para el uso terapéutico no hay información de efectos negativos. Para el consumo recreacional hay que advertir de los riesgos inherentes a un consumo continuado y/o desmedido, tales como daño pulmonar o al sistema inmune, trastorno de procesos cognitivos, síndrome amotivacional, trastornos de conducta o crisis psicóticas, entre otros. También el tipo de personalidad puede predisponer a efectos negativos del consumo, por ejemplo cuando existe propensión a la depresión o bipolaridad.

En cuanto al uso medicinal de la marihuana en la literatura científica se señalan, entre otros efectos positivos:

– Reduce dolores crónicos y agudos, no solo en enfermedades terminales, sino también el dolor neuropático (el relacionado con la afectación de trayectos nerviosos) y el vinculado a procesos inflamatorios

– Controla el dolor en artritis reumatoide, esclerosis múltiple y migraña, entre otros.

– Reduce náuseas y vómitos en tratamientos de cáncer y VIH

– Estimula el apetito

– Puede contribuir en casos de asma

– Reduce la presión intraocular en el glaucoma de ángulo abierto

El ministro de Salud también explicó que el mercado de la marihuana medicinal en Colombia es "abierto", por lo que no se han establecido un "número máximo de licencias" a otorgar. "Hay un mercado emergente global (...) y Colombia puede ser el ganador de este mercado emergente de marihuana medicinal y esto va a redundar en nuestro país en más empleos, mayor bienestar para las comunidades y municipios donde esta industria tenga su asiento", entre otros beneficios, destacó. También “estimular el cultivo medicinal de la marihuana con fines de sustitución de cultivos y de desarrollo alternativo. Y como tercer punto, que el Estado tenga la obligación de proteger y apoyar a los pequeños productores nacionales para que Colombia no se convierta en una maquila de marihuana sino realmente los pequeños productores tenga la oportunidad de participar en lo que será un gran negocio en los próximos años en Colombia”.

Según el senador Galán, autor de la ley aprobada por 84 votos contra 4 el 25 de mayo y ahora ley 1787, se calcula que este tipo de cultivo llegue a significar para la economía colombiana lo mismo que los cultivos de flores y bananos: “Más de 2.000 millones de dólares al año, ese es el potencial de este negocio para Colombia”.

Es que al establecimiento nunca le han faltado sus buenas dosis de realismo y como dicen los gringos, “bussines are bussines”,  “los negocios son los negocios”. Y el espejo de Norteamérica no es nada despreciable. El aceite de marihuana, por ejemplo hace parte de una industria que movió en el 2013 1,53 billones de dólares en Estados Unidos, según ArcView, una firma consultora especializada en el análisis del mercado del cannabis, con sede en California. La firma estima que al finalizar el 2014 la cifra aumentará a 2,57 billones de dólares y que el panorama de crecimiento es positivo, pues para el 2019 esta industria movería 10,2 billones de dólares anuales.

Con razón a pocos días de entrar en vigencia la ley ya siete grandes multinacionales hacían fila para recibir las licencias de producción de cannabis en tierra colombiana y que fueron otorgadas en menos de lo que dura un porro. Ecomedics-Labfarve, firma colombiana,  fue  la primera autorizada para producir cannabis medicinal. La canadiense Cannalivio también recibió de parte del Ministerio de Salud la licencia de producción; con estas dos licencias otorgadas son siete  las empresas que podrán comenzar operaciones de adecuación de plantas de producción, importación de maquinaria, construcción de laboratorios y pruebas piloto en el país.

Y otra cosa buena trae la ley: plantea que el Estado debe proteger y fortalecer a los pequeños y medianos productores y comercializadores de cannabis medicinal. Y señala que, en el marco de los programas de sustitución de cultivos ilícitos, se pondrán en marcha iniciativas encaminadas a la siembra y formalización de pequeños y medianos cultivadores nacionales de plantaciones de marihuana con fines exclusivamente medicinales y científicos. De hecho, el Gobierno tiene que reglamentar esto en un término máximo de seis meses posteriores a la expedición de la ley. La obligación, dice, es proteger la mano de obra local.

El paso que ha dado Colombia de legalizar la marihuana medicinal lo pone a la altura de los países más civilizados. Solo falta, como en Uruguay y cuatro estados de Norteamérica, para hablar de nuestro continente, no castigar el uso recreativo de la marihuana más allá de los cinco gramos hoy permitidos.

Para que los fanáticos, entre otras cosas,  le lancen porros a su estrella en pleno concierto y no teman ir a la cárcel una vez terminado como presenciamos hace medio siglo en Barranquilla,  por usar, como está comprobado, la mata que no mata.

 

Artículo de Roberto Romero Ospina para visionchamanica.com

 

Se publica en Julio 27 de 2016


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