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Recuerdo, leyendo este artículo de Juan, las palabra de los mamas dichas hace ya casi 20 años "hablarán muchas gentes, muchas gentes comenzarán a aprender profundo" (en un congreso de etnobotánica en Santa Marta).
Neru Utica
Dic. 20 - 2008


 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ilustración de

Miguel Cárdenas en

"Hacia el corazón del Amazonas"

de Valerie Meikle, 2006.

 

[1]  Aparte del artículo “Saber Posoccidental”, publicado en “Medio ambiente y crecimiento económico. Tensiones estructurales”. Instituto de Estudios Económicos e Internacionales IEEI. Sau Paulo, Brasil. DUPAS Gilberto (coord.). 2008.

[2]  Yuruparí se refiere a la fuente de vida, al poder de creación que fluye en el cosmos. Todos los grupos que habitan en los bosques amazónicos con variaciones tienen esta noción de flujo vital permanente.

[3] Entidades míticas de los orígenes del tiempo dentro de la cosmología de los grupos que habitan en las riberas del río Pira-Paraná, en el Amazonas Colombiano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Inicio  >  Eco- Madre tierra > Chinchorrosofía Amazónica

 

Interculturalidad ecológica
Chinchorrosofía: una ontología amazónica [1]

Por: Juan Camilo Cajigas

 

 

Especifico a continuación algunas nociones de lo que denomino la epistemología de la abundancia. Son interpretaciones metafóricas de la forma de operar del pensamiento amazónico.

Curar el mundo

Curar es cuidar. La cura proviene de un acto ancestral que trae consigo la fuerza/potencia de los Orígenes. Acceder con mente clara a esa dimensión inmaterial donde la vida es fuente permanente. Desde allí alimentar con aliento primigenio, renovado lo que se manifiesta en el mundo cotidiano. Y así seguir configurando una forma-mundo que desde los orígenes funciona así. Curar es enlazar,  permanentemente transformar la curación: el poder del pensamiento conecta los flujos de energía-vida (yuruparí [2]) que organizan el territorio y nuestro cuerpo. Cuando todo está entrelazado en distintos niveles y de variados modos lo muy pequeño influye en lo grande: orar y soplar pre-vienen y curan en un presente atemporal más allá de las distancias y los momentos.

La palabra no se limita a nombrar la realidad; más que eso, alumbra determinados campos de lo real ejecutando acciones sobre los diferentes cuerpos y objetos como aplacar, enfriar, envenenar, endulzar. La palabra tiene un carácter eficaz, produce realidades desde el plano de lo inmaterial, latente, virtual, “en espíritu”, hacia el plano material. Nombrar es afectar con el poder de la palabra.

Territorio/maloca

Para cuidar y organizar el territorio la maloca es el espacio de referencia fundamental. Todo lo que está situado afuera tiene dentro de la maloca su parte correspondiente; así los estantillos corresponden a los cerros tutelares, las anacondas recrean el territorio, el techo marca el paso de las constelaciones. A través de este tipo de pensamiento topológico es posible comprimir en una región limitada un espacio ilimitado conservando ciertas relaciones y proporciones. El territorio es una gran maloca y la maloca es un microterritorio.

La matriz de los multiversos refiere a una constitución cosmológica pluridimensional. En este caso lo real opera a partir de la superposición de planos donde se concreta la materialidad de las cosas. No podemos referirnos a un universo, sino más bien a multiversos, a la presencia de campos de realidad operando de manera paralela. Los  diversos espacio/tiempo se comprimen y dilatan de acuerdo a las reglas de constitución de cada plano/mundo posible. Por eso en la maloca se agencia a través de los diferentes planos de realidad la administración de la vida en el territorio.

Todos somos gente

Los animales son gente, al igual que los demonios y los espíritus. Cada uno de ellos tiene sus costumbres, sus ritos, sus lugares de caza, su coca. Dentro de esta cosmología cada entidad, sea cosa, animal o fenómeno natural, es un cuerpo; el cuerpo es una “ropa” o “máscara” que se puede poner y quitar. Ese cuerpo (la danta, la yuca, lo humano) articula un punto de vista; el cuerpo necesita de un punto de vista para crear entonces una perspectiva. Cada “máscara”/cuerpo encarna una cierta forma de sentir, de moverse, de afectar. Lo podemos identificar de acuerdo a sus hábitos. Entonces la humanidad (ser gente) es compartida; todos somos gente, aunque encarnamos y activamos puntos de vista singulares, asumimos corporalidades particulares. Cada cuerpo expresa un mundo; a través de cada cuerpo se experiencia un mundo. No hay un uni-verso o un mundo del cual los humanos seamos la única referencia; aparecen multi-versos, una multiplicidad de versos encarnados que constituyen mundos, reinventándose a cada momento.

El plano inmaterial/espiritual

La realidad/mundo no se reduce a lo que se ve, ni a lo que puede hacer la gente en su estado mental cotidiano; todo está siendo gracias a la operación efectiva del plano inmaterial. El mundo es a la vez material e inmaterial, presenta una doble configuración. Por eso “todo tiene espíritu”: que no se mire no quiere decir que no esté, sólo “viendo” se reconfiguran las zonas de indeterminación, los bordes grises y aparece lo que también está ahí. El plano inmaterial/espiritual coexiste con este plano material; las diversas realidades operan por superposición de planos. El lugar y el momento están abiertos a los mundos posibles, virtuales, materializados por el poder de la palabra. En ese plano, las cosas están prefiguradas, están en potencia. Sólo el pensamiento en su dimensión chamanista accede a este plano de potencialidad pura; allí el espacio/tiempo se reduce a cero, y las leyes que rigen el orden material/físico no operan. En este salto cuántico del pensamiento chamanista es posible acceder a la fuerza de los Orígenes y encauzar aspectos de la organización de la vida en el territorio.

Cosmopolítica

Cada gente tiene su territorio, sus espacios de caza, sus rituales y costumbres. Debajo del agua, a nivel del piso o en las copas de los árboles se manifiesta una dinámica biosocial. Cuando la gente que proviene de los ayawa [3]  busca la cacería o la pesca deben establecer acuerdos previos con los “dueños” de la otra gente y de los diferentes lugares “pagándoles arriendo”. Estos acuerdos están basados en el intercambio y la reciprocidad constituyendo una diplomacia cósmica. En el plano inmaterial, el payé intercambia, ofrece mambe y otros elementos de poder por presas de caza para garantizar la restitución de la energía tomada de los ciclos cósmicos. Quien toma debe dar algo a cambio. En caso contrario se genera un desbalance que puede traer como consecuencias desordenes y conflictos sociales. Las reglas de intercambio y reciprocidad están pautadas ritualmente en el contexto de una organización chamanista; los procesos rituales distribuidos en las funciones del baile, como danza chamánica que conjura en el plano micro las corrupciones del plano macro, y la oratoria, como el nombrar curativo/soteriológico de las cosas y los lugares, posibilita el manejo superespecífico de los recursos. La organización ritual chamanista agencia entonces una cosmopolítica que garantiza la reprodución/multiplicación de los territorios ancestrales, a partir de la curación de las épocas siguiendo el ritmo de las constelaciones.

El biopoder de la Abundancia

El cambio, la destrucción y el desorden son disposiciones permanentes del territorio –todo tiende a empeorar–, la dinámica propia de la naturaleza está marcada por los ciclos continuos de degeneración y regeneración. La naturaleza no complace a la gente. En la base de la vida cotidiana opera, entonces, una ecosofía de la reproducción/multiplicación de la vida. Esta ecosofía sigue los parámetros que desde los Orígenes posibilitan un sistema de manejo de las diferentes casas de origen y la administración general del territorio ancestral; el seguimiento estricto de estas normas y funciones, a través de dietas y rituales, garantiza la reproducción de los ciclos ecológicos y biológicos. La reproducción de la Vida opera a partir del biopoder de la abundancia manifestado en la buena administración del entorno, pero también en el buen vivir de la gente en la selva a partir de la autoproducción de sus condiciones de existencia (cosechas, fertilidad de las mujeres, salud de los niños).

Por eso en este contexto parece extraña la “visión de la escasez”, del “agotamiento de los recursos naturales” – a la manera de una “escatología ambiental”-; esta visión sólo proviene de una actitud basada en la producción y restauración técnica del mundo y, en general, de una sociedad sustentada en el sobreconsumo, la sobreexcitación y la opulencia. Se olvida que este Biopoder de la Abundancia está garantizado desde los Orígenes, a partir del respeto por las regulaciones ecológicas entre la gente, los animales y las plantas. Si bien, estas regulaciones pueden verse afectadas por un mal manejo espiritual/material del entorno y provocar la disminución de sus funciones eco/biológicas. Desde esta perspectiva la actual crisis ambiental es producto de un manejo global no regulado, no intermediado por las pautas de potenciamiento y restricción ritual de los ciclos biológicos del entorno, y de control psicológico y social. El biopoder de la abundancia consolida una visión transversal y compleja de la comunidad humana y de lo Vivo.



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