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“Visión Chamánica”
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Eduardo Galeano, un creador íntegro, una voz.
Rebeca Ralli
Abril 22 - 2012
 

Nos parece un acierto total que los hermanos ecuatorianos apliquen su sabiduría, al recordarnos que la Tierra, Gaia, es un ser vivo, con conciencia y derechos. Esos derechos que consagrará la nueva Constitución.

Que desde 1886 las empresas de USA tengan derechos humanos es tan coherente para ellos, como que pidan que si sus soldados matan, violan o roban en otros países, sólo sean juzgados por los jueces estadounidenses.
Guillermo Cabrera
Sept. 3 - 2008

Es un buen comienzo, es muy importante ya que es un primer paso en el camino que debería llevarnos a un cambio de consciencia, a considerarnos parte de un entorno social y natural y a cuidarlo y protegerlo como a nosotros mismos, en relación de armonía, respeto, tolerancia y solidaridad: todos como parte de un Todo. No se trata de crear leyes para castigar a quienes no las cumplan, se sabe que el camino de la prohibición y el castigo no conduce a buen puerto. Se trata de cambiar la forma de concebir nuestra relación con el otro, con lo otro –social, natural–, modificando nuestros hábitos en pos de una convivencia en armonía y respeto.
Saludos y sigan así, contribuyendo a ese cambio que se hace cada vez más urgente!
Melisa Bustamante
Junio 23 - 2008

Me parece muy importante y muy lindo el artículo ¡Felicitaciones!
María Inés Alvarez
Junio 17-2008

Divorcio obligado y desafortunado. La naturaleza no es muda, pero el hombre se hace el sordo. El agua se embotella, la selva se aniquila para dar paso al monocultivo, el páramo se vende... Y, ¿quién condena por esto? ¿Cuándo han encarcelado a una persona por talar un árbol, botar un papel a la calle...? Las leyes no son sino patrañas que ya es hora de reconsiderar y, la naturaleza no es muda, ruge, exige despertar... Escúchenla...
Antonio Torres Moreno
Junio 16 – 2008


 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ecuador, esta discutiendo una nueva Constitución. Y en esa Constitución se abre la posibilidad de reconocer, por primera vez en la historia universal, los derechos de la naturaleza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No es por casualidad que la Asamblea Constituyente ha empezado por identificar sus objetivos de renacimiento nacional con el ideal de vida del sumak kausai; eso significa, en lengua quichua, vida armoniosa: armonía entre nosotros y armonía con la naturaleza, que nos engendra, nos alimenta y nos abriga y que tiene vida propia, y valores propios, más allá de nosotros.

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Derechos de la Naturaleza
La Naturaleza no es muda
Por: Eduardo Galeano
Miembro de la REIT (Red Internacional de Escritores por la Tierra)

El mundo pinta naturalezas muertas, sucumben los bosques naturales, se derriten los polos, el aire se hace irrespirable y el agua intomable, se plastifican las flores y la comida, y el cielo y la tierra se vuelven locos de remate.
Y mientras todo esto ocurre, un país latinoamericano, Ecuador, esta discutiendo una nueva Constitución. Y en esa Constitución se abre la posibilidad de reconocer, por primera vez en la historia universal, los derechos de la naturaleza.

La naturaleza tiene mucho que decir, y ya va siendo hora de que nosotros, sus hijos, no sigamos haciéndonos los sordos. Y quizás hasta dios escuche la llamada que suena desde este país andino, y agregue el undécimo mandamiento que se le había olvidado en las instrucciones que dio desde el monte Sinaí: "Amarás a la naturaleza, de la que formas parte".

Un objeto que quiere ser sujeto
Durante miles de años, casi toda la gente tuvo el derecho de no tener derechos.
En los hechos, no son pocos los que siguen sin derechos, pero al menos se reconoce, ahora, el derecho de tenerlos; y eso es bastante más que un gesto de caridad de los amos del mundo para consuelo de sus siervos.
¿Y la naturaleza? En cierto modo, se podría decir, los derechos humanos abarcan a la naturaleza, porque ella no es una tarjeta postal para ser mirada desde afuera; pero bien sabe la naturaleza que hasta las mejores leyes humanas la tratan como objeto de propiedad, y nunca como sujeto de derecho.

Reducida a mera fuente de recursos naturales y buenos negocios, ella puede ser legalmente malherida, y hasta exterminada, sin que se escuchen sus quejas y sin que las normas jurídicas impidan la impunidad de sus criminales. A lo sumo, en el mejor de los casos, son las víctimas humanas quienes pueden exigir una indemnización más o menos simbólica, y eso siempre después de que el daño se ha hecho, pero las leyes no evitan ni detienen los atentados contra la tierra, el agua o el aire.

Suena raro, ¿no? Esto de que la naturaleza tenga derechos... Una locura. ¡Como si la naturaleza fuera persona! En cambio, suena de lo más normal que las grandes empresas de Estados Unidos disfruten de derechos humanos. En 1886, la Suprema Corte de Estados Unidos, modelo de la justicia universal, extendió los derechos humanos a las corporaciones privadas. La ley les reconoció los mismos derechos que a las personas, derecho a la vida, a la libre expresión, a la privacidad y a todo lo demás, como si las empresas respiraran. Más de 120 años han pasado y así sigue siendo. A nadie le llama la atención.

Gritos y susurros
Nada tiene de raro, ni de anormal, el proyecto que quiere incorporar los derechos de la naturaleza a la nueva Constitución de Ecuador.

Este país ha sufrido numerosas devastaciones a lo largo de su historia. Por citar un solo ejemplo, durante más de un cuarto de siglo, hasta 1992, la empresa petrolera Texaco vomitó impunemente 18 mil millones de galones de veneno sobre tierras, ríos y gentes. Una vez cumplida esta obra de beneficencia en la Amazonía ecuatoriana, la empresa nacida en Texas celebró matrimonio con la Standard Oil. Para entonces, la Standard Oil de Rockefeller había pasado a llamarse Chevron y estaba dirigida por Condoleezza Rice. Después un oleoducto trasladó a Condoleezza hasta la Casa Blanca, mientras la familia Chevron-Texaco continuaba contaminando el mundo.

Pero las heridas abiertas en el cuerpo de Ecuador por la Texaco y otras empresas no son la única fuente de inspiración de esta gran novedad jurídica que se intenta llevar adelante. Además, y no es lo de menos, la reivindicación de la naturaleza forma parte de un proceso de recuperación de las más antiguas tradiciones de Ecuador y de América toda. Se propone que el Estado reconozca y garantice el derecho a mantener y regenerar los ciclos vitales naturales, y no es por casualidad que la Asamblea Constituyente ha empezado por identificar sus objetivos de renacimiento nacional con el ideal de vida del sumak kausai. Eso significa, en lengua quichua, vida armoniosa: armonía entre nosotros y armonía con la naturaleza, que nos engendra, nos alimenta y nos abriga y que tiene vida propia, y valores propios, más allá de nosotros.

Esas tradiciones siguen milagrosamente vivas, a pesar de la pesada herencia del racismo que en Ecuador, como en toda América, continua mutilando la realidad y la memoria. Y no son solo el patrimonio de su numerosa población indígena, que supo perpetuarlas a lo largo de cinco siglos de prohibición y desprecio. Pertenecen a todo el país, y al mundo entero, estas voces del pasado que ayudan a adivinar otro futuro posible.

Desde que la espada y la cruz desembarcaron en tierras americanas, la conquista europea castigó la adoración de la naturaleza, que era pecado de idolatría, con penas de azote, horca o fuego. La comunión entre la naturaleza y la gente, costumbre pagana, fue abolida en nombre de dios y después en nombre de la civilización. En toda América, y en el mundo, seguimos pagando las consecuencias de ese divorcio obligatorio.

Enviado a visionchamanica.com por Alberto Sibaja ( www.sibowak.com )

 

 


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