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*Presentada en el  World Ayahuasca Conference, Ibiza, 25-27 Septiembre 2014

**Doctor en Antropología cultural, especialista en etnopsicología y en chamanismos amazónicos. Ha escrito 29 libros y numerosos artículos especializados. Es el fundador y actual director del campus Can Benet Vives y presidente de la Fundación que lleva su nombre. fericgla@etnopsico.org

Ilustración en Home:

http://www.las2orillas.co/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Si tienes algún trastorno psíquico un tanto marcado, no hace falta que sea severo, extrañamente podrás abrir tu mundo interno a la experiencia espiritual con garantías de no confundir lo inefable con tus propios delirios o proyecciones, como es hoy tan frecuente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hoy dominan los buscadores de simples sensaciones, compradores de experiencias insubstanciales, consumidores de las actividades de desarrollo humano de moda, a veces de ayahuasca. Y escasean las personas comprometidas con el real cultivo de su mundo interno.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El esfuerzo debe dirigirse hacia la aceptación de uno mismo con honestidad, sin autocomplacencia ni justificaciones infantiles. El único cambio posible es aceptarte a ti mismo o a ti misma, y tratar de hacerlo con honestidad. Este es uno de los objetivos más grandes de todo ser humano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Habéis convertido a los indígenas en meros objetos al gusto del consumidor. Y viceversa, con frecuencia éstos venden su imagen transformada según el gusto del consumidor occidental por los beneficios que le reporta

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Conozco personas malas, burdas y de mala intención, que han tomado litros de ayahuasca y siguen siendo perversas y de mala intención.

 

Inicio  > Yagé y EMC > Ayahuasca y Desarrollo Personal

Yagé y Psicoterapia

Ayahuasca, Desarrollo Personal y la Peligrosa Simplificación*

Por Josep Mª Fericgla**

 

Previo a tratar el tema de mi aportación a este congreso, al que tan generosamente me han invitado, siento la necesidad de aclarar algunos puntos que se están repitiendo en estos días. Así que no esperéis que comience explicando mis experiencias bajo los efectos de la ayahuasca. No creo que interesen a nadie y por lo que he captado, la mayoría de los más de 500 asistentes que estáis aquí ya lo conocéis de primera mano. ¿A quién pueden interesar mis experiencias personales?

Quiero aclarar y repetir de nuevo que ‘ayahuasca’ es un término genérico. Es como decir ‘vino’. En culturas vitícolas, como la mía, producimos numerosísimas variedades de vino y cualquier adulto normal distingue entre vino blanco, tinto, rosado, seco o dulce, afrutado o vino rancio, con gas y sin gas, con mayor o menor graduación, elaborado con uvas variedad tempranillo, ojo de liebre o con un sinnúmero más de variedades simples de uva, o bien puede estar elaborado con sabrosas mezclas de diferentes tipos de uva. Sabemos cuándo tomar un vino o mezcla de ellos y con qué objetivo, como cuando tomamos vermú de aperitivo o una copa de ‘fino’ andaluz antes de comer para favorecer la locuacidad entre comensales. Sabemos qué vinos son más propios para celebrar una festividad o un momento especial y qué caldos son más adecuados para un día corriente, incluso qué variedad de vino es el propio para sacralizar y lo denominamos ‘vino de misa’, y todo lo demás que conlleva la profundidad cultural del vino. En cambio, para las personas de culturas no vitícolas, como pueden ser las sociedades orientales o las musulmanas, la idea de vino suele reducirse a un líquido oscuro con contenido alcohólico que en algunos lugares se usa para beber, sin más distinción.

Con la ayahuasca está sucediendo algo similar. Algunos grupos religiosos de origen brasileño como la UdV, A Barquiña o el Santo Daime, y también algunos estudiosos occidentales del tema, se empeñan en que ‘sólo es ayahuasca’ lo que ellos consumen o estudian, una mixtura que en general se trata del resultado de cocer juntas las lianas amazónicas Banisteriopsis caapi y la Psychotria Viridis. Para estos colectivos, el resto de posibles mezclas psicoactivas similares no son ‘ayahuasca’, incluso aunque se consuma con los mismos fines en el mundo tradicional amazónico. A las personas nos cuesta mucho salir de nuestros hábitos adquiridos, pero esto es una simplificación extrema y peligrosa, y pido que dejemos de insistir en esta única receta como si fuera la legítima. En la cuenca amazónica y en el piedemonte andino, la etnografía ha registrado numerosas variedades de plantas, árboles y lianas igualmente usadas para cocinar el líquido psicoactivo que denominamos con el término genérico ayahuasca. Y todas lo son.

Durante mi trabajo de campo antropológico entre el pueblo shuar y quichua, en la alta Amazonía ecuatoriana, observé el uso generalizado de hojas de la liana Diplopteris cabrerana y de corteza del tronco del árbol Brunfelsia grandiflora como aditivos psicoactivos habituales a la banisteria, más que la Psychotria que es casi desconocida en estas latitudes, y no son los únicos aditivos. Incluso a veces, los shuar y los quichuas del Napo del oriente ecuatoriano, beben extracto simple de corteza de banisteria y obtienen un efecto psicoactivo más suave pero similar al de la decocción completa. Hay numerosas recetas para cocinar ayahuasca y para elaborar vino. No simplifiquemos en extremo por pereza, rigidez o comodidad.

Por otro lado, en todo Occidente se está hablando de manera monotemática de las virtudes de la ayahuasca para propulsar un estado interno de beatitud, de comunión con los demás, para experimentar la amorosa divinidad, para ayudar a superar los problemas personales de tipo psicológico y espiritual. Ciertamente, la tomamos para alcanzar estos fines tan deseables y saludables, pero también sirve, no hay que olvidarlo, para preparar los individuos para actividades guerreras como describió Reichel-Dolmatoff en sus detallados trabajos antropológicos sobre el mundo indígena amazónico colombiano, y como yo mismo he observado entre los shuar. Esta es otra simplificación derivada de la idiosincrasia dominante en el Occidente actual donde se busca consumir todo de forma simple y rápida, sin esfuerzo, incluida la espiritualidad y la conexión con el Ser interno, pero está lejos de la realidad. Todas las cosas importantes, como la salud, el amor o la verdad, requieren tiempo y esfuerzo.

Bueno, no quiero extenderme por este camino ya que no es el tema de mi conferencia de hoy, pero sí llamar la atención sobre la simplificación extrema a la que se está sometiendo la enorme riqueza tradicional de posibles variedades vegetales usadas para preparar ayahuasca y los posibles objetivos del consumo. ¿Aceptaríais que viniera una sociedad más potente y prepotente que la nuestra y nos impusiera que lo único a lo que vamos a denominar ‘vino’ fuera el líquido oscuro extraído de la fermentación de uva variedad chardonay, crecida en una zona del mundo que se conoce como Rioja, y que el resto de líquidos parecidos no son vino? Yo no.

Entrando ahora en el tema de mi conferencia… Sí, sé que tengo fama de carácter refunfuñón y de no dejar respirar a nadie hasta que las cosas se hacen todo lo bien que se pueden hacer. Aunque no creo que sea para tanto, voy a hacer honor a mi fama y quiero puntualizar otra aclaración sobre el título, ‘Ayahuasca y desarrollo personal’, que se puso a mi aportación a este congreso.

Las palabras, el habla articulada, es lo más sagrado que tenemos los humanos y como tal hay que tratarlo y respetarlo. Con las palabras construimos el mundo visible e invisible, lo modificamos, creamos sistemas simbólicos y unimos o desunimos sociedades. Hay que cuidar las palabras como la herramienta más sagrada de que disponemos, usarlas con precisión, belleza y amor. ‘Al principio fue el verbo’ y con él Dios creó el mundo, no lo convirtamos en simple ruido.

Sé que habitualmente se usa la expresión ‘desarrollo personal’, pero es una expresión incorrecta (y prefiero no pensar de dónde ha salido su uso generalizado). Prefiero, con mucho, hablar del ‘cultivo del mundo interno’. Cultivar implica una acción humana intencional, es una actividad que obliga a tener una cierta intimidad, conocimiento y empatía entre el cultivador y lo cultivado, se cultiva con amor sea por necesidad o placer, y solo se pueden cultivar cosas orgánicas, vivas. Cultivar siempre es una actividad orgánica que implica presencia, naturaleza, espera, comunicación y creación.

Desarrollar, en cambio, es impersonal, es mecánico e indefinido. Se desarrolla un proyecto industrial o una idea sobre el papel. En lo humano hay desarrollo corporal en los gimnasios, desarrollo económico, familiar y todos los demás. Nos desarrollamos de pequeños, cuando la biología impone su ritmo y programa, pero luego debemos cultivarnos con voluntad si queremos seguir evolucionando. Por ello, y por otros motivos, uso la expresión ‘cultivo del mundo interno’ en mis actividades y escritos profesionales, y aquí.

A lo largo de los últimos 20 años he desarrollado varios protocolos para emplear ayahuasca en psicoterapia, tal y como hoy se usa en ciertas instituciones y por parte de otros profesionales, y también para usarla como herramienta en el cultivo de lo espiritual, dos niveles dentro de un mismo recorrido. Primero está la psicoterapia, cuando uno está razonablemente equilibrado puede elevar el tono y la calidad de la búsqueda y esforzarse para cultivar su mundo interno, y más tarde, cuando uno está preparado, puede cultivar su espiritualidad. Si tienes algún trastorno psíquico un tanto marcado, no hace falta que sea severo, extrañamente podrás abrir tu mundo interno a la experiencia espiritual con garantías de no confundir lo inefable con tus propios delirios o proyecciones, como es hoy tan frecuente.

Por otro lado, también he adaptado algunos métodos indígenas de uso de ayahuasca a las necesidades del mundo Occidental, pero ahora no hablaré de ello. Estos temas más técnicos los trataré en la segunda charla que impartiré a partir de las 12 del mediodía. En este foro general quiero hablar de un aspecto general que me preocupa en referencia a la ayahuasca y el mundo interno de las personas.

Para mí hay un factor clave que diferencia el género humano. Me refiero a las personas que ‘buscan’ y a las que ya han dejado de buscar. Esta diferencia crea una división que a veces es difícil de conciliar.

En cada época surgen ciertas imágenes que cristalizan el sentir de todo un periodo. Uno de los ámbitos donde cada época cristaliza una imagen es en lo que llamamos la figura del buscador. Supongo que la mayoría de la enorme cantidad de asistentes a este congreso somos buscadores de realidades internas, buscadores del sentido de la vida, de la paz y de realización personal. No descarto que haya buscadores de oro previendo que cuando se normalice el uso de ayahuasca se pueda convertir en un buen negocio, como ya lo es para algunos, pero de estos prefiero no hablar.

Voy a contaros una historia.

A principios del siglo XI, el Papa Alejandro II concedió el perdón de todos sus pecados a quienes fueran a luchar en pro del cristianismo. Esta iniciativa papal se expandió y en pocas décadas nacieron las Cruzadas. Al principio, los nobles caballeros de brillante armadura que viajaban montados a caballo llevaban una vida regulada por los más severos mandatos religiosos. Entregaban su vida luchando para mantener los caminos de peregrinaje, desde Jerusalén hasta Finisterre, libres de musulmanes y de otros grupos humanos no afines al cristianismo. Esa fue la imagen que desde mediados del siglo XII se convirtió en el modelo de lo que hoy llamamos buscador interior. La gente confiaba en los caballeros, esperaba su ayuda y consejo, les veían como personas íntegras y austeras, movidas por ideales nobles y elevados. Y ellos vivían de acuerdo a normas propias de monjes militares: austeridad, celibato, santidad, excelencia y justicia.

La imagen del buscador interno más popular en Europa cristalizó en la figura del rey Arturo, siempre acompañado del mago Merlín y de su espada mágica Excalibur. Arturo, fue el rey mítico de los británicos que sanó al beber del Santo Grial, y todo lo que simboliza este acto. El Santo Grial, para los que lo desconozcan, es el nombre de la copa mística y mítica que usó Jesús en la última cena para dar de beber a sus discípulos.

Es el símbolo esotérico y social más serio y enraizado en la cultura occidental. El rey Arturo, símbolo medieval de la espiritualidad elevada, la justicia, el equilibrio y la firmeza interior, fue solo una imagen del buscador interno ya que el rey Arturo real, si es que existió, reinó en el siglo VI no el XII.

Otra cristalización medieval del buscador fue Sant Jordi, San Jorge, otro noble caballero de armadura, patrón de Cataluña y de Inglaterra, quien montado en su corcel blanco libró a la doncella de las fauces del dragón, con todo el simbolismo que contiene la imagen. Pero, al igual que con el Rey Arturo, el Jorge histórico, si es que existió, fue un campesino del siglo IV natural de la Capadocia, actual Turquía, que llegó a ser oficial del ejército romano, se convirtió al cristianismo y más tarde se dejó torturar y matar cuando el emperador Diocleciano mandó perseguir a los cristianos, a lo que Jorge se negó. ‘Giorgus’ significa ‘campesino’ en lengua local capadocia.

La imagen tuvo éxito, cristalizó el sentir de la época, y las órdenes de caballeros andantes crecieron muchísimo. Los individuos con aspiraciones místicas se hacían caballeros andantes, pero las órdenes militares religiosas -no lo olvidemos- también se convirtieron en eficaz tubo de escape social para inadaptados y violentos que encontraban en las Cruzadas un espacio donde descargar su agresividad y su locura sin ser penalizados por ello.

En España, además de la órdenes internacionales más conocidas como la Orden del Temple, la Orden de San Juan, los Cátaros o los antiguos Rosacruces, llegó a haber 46 órdenes militares religiosas diferentes: Templarios de la caballería de Santiago, Caballeros de Rodas, Maestres de Alcántara, Maestres de Calatrava y todas las demás.

Como se repite en la historia de los pobres humanos, la imagen del caballero andante como buscador y modelo de espiritualidad y de conexión con lo inefable fue degenerando. Las órdenes militares religiosas se convirtieron en redes ávidas de poder social y económico, en núcleos de corrupción, vanidad e hipocresía. Solo los crédulos seguían viendo en ellos un modelo de rectitud y equidad.

El tiempo fue pasando hasta que Cervantes, a inicios del XVII (en 1605) publicó Don Quijote de la Mancha. Fue la primera obra genuinamente desmitificadora y burlesca de la que era ya una decadente y ridícula tradición caballeresca. Retrató a Don Quijote ingenuo, narcisista y perdido en sus fantasías, imagen de los nobles caballeros que seguían pretendiendo encarnar una integridad y espiritualidad que habían perdido mucho tiempo atrás.

Algo similar pasó en el siglo XIX con los héroes rusos que se pasaban el día en la cama de donde no se podían levantar, suspirando de aburrimiento y entablando duelos entre ellos en nombre de Dios para entretenerse: Tolstoi, Dovstoieski, Turguénev, Chéjov… cristalizaron la imagen del buscador en su época.

Actualmente, la imagen del buscador tiene un estereotipo forjado por el consumismo, cada vez más lejos del verdadero y esforzado cultivador del mundo interno.

La actual imagen del buscador es la del individuo que suma actividades de fin de semana en pro de su presunto desarrollo personal, colecciona cursos para ‘aflojar las emociones’, para ‘fluir’ y para ‘reconectarse’, sin conseguir nunca el menor logro aunque acaba aprendiendo cierto lenguaje que puede parecer el de un experto: ‘soy un eneatipo dos’, ‘mi sombra es agresiva y necesito un guardaespaldas para que proteja a los demás de mi animal interno’, o bien: ‘ya he hecho cinco constelaciones familiares, un taller de respiración, dos cursos de Gestalt y un año de yoga, ahora me toca…’. En realidad, se trata de insubstancial turismo espiritual, no de verdadera actividad espiritual. Hoy dominan los buscadores de simples sensaciones, compradores de experiencias insubstanciales, consumidores de las actividades de desarrollo humano de moda, a veces de ayahuasca. Y escasean las personas comprometidas con el real cultivo de su mundo interno.

Si me lo permitís, miro a mi alrededor y veo numerosos quijotes solo que en lugar de una espada y un escudo desvencijado llevan símbolos orientales colgando del cuello, cargan (¡y hasta escriben!) libros de autoayuda y de psicología de consumo y, a veces, hasta lucen plumas de papagayo, camisas andinas y toman ayahuasca con la que dicen librar batallas tan irreales como las de Quijote contra los molinos de viento.

El Quijote actual es el de chamán amerindio aterrizado en Occidente y toda la legión de decadentes productos occidentales inspirados en él: ecochamanismo, tecnochamanismo, chamanismo cuántico, psicochamanismo, psicomagia, reconexión chamánica, psicoterapia cuántica, neochamanismo, búsqueda del animal de poder y toda la colección de expresiones que conocemos bajo el genérico New Age, incluyendo un uso vulgarizado de términos que deberían ser más respetados como Gurú, Dios, Maestro y espiritualidad.

Naturalmente, existen chamanes verdaderos, hombres castos, honestos, íntegros y austeros, con temple, conocedores concienzudos de su mundo, con intención limpia, hombres que pasan media vida haciendo prácticas ascéticas para mantenerse conectados con el Ser, pero esos hombres y alguna mujer no suelen salir de sus territorios y menos aun exponerse al circo simplificador del consumismo Occidental. En este congreso mundial sobre ayahuasca hay alguno de ellos: Sia Kaxinawa, de los kaxinawá brasileños, o Juan Bautista Agreda, indígena kamsá colombiano a quien conozco desde hace veinte años. A ellos y a otros los desvinculo del chamán-quijote occidental ya que la imagen del gurú o del chamán de consumo es una ridícula cristalización occidental del buscador de sabiduría, no es una imagen indígena de la Amazonía ni del Extremo Oriente.

Actualmente, repito, donde sea que observo relacionado con el desarrollo personal, puedo ver montones de Quijotes flotando en sus fantasías narcisistas, seguidos por una legión de crédulos engreídos que son los Sancho Panza de la historia actual.

Insisto, no quiero decir que no existan buscadores y guías espirituales de real profundidad y sabiduría, pero tristemente son los menos de los menos.

Yo trato de evitar el estereotipo. Creo que es uno de los mitos actuales de Occidente proveniente del Oriente que se desplegó en los años 70 y 80 del siglo XX y que ahora está llegando a situaciones esperpénticas.

Amigos, no es sentándose y esperando con la piernas cruzadas, ni tomando ayahuasca una y otra vez como se cultiva la vida interior. La vida interior se desarrolla en interacción con la vida exterior y con un método. Todo es parte de una sola y única vida.

Es fácil hablar con palabras de lo interior y de lo exterior, pero cuando te pones a ello, descubres que no se pueden separar los dos ámbitos tan fácilmente. Y no solo son dos ámbitos, sino que cultivar el mundo interno es como cuidar una granja. Cada uno tiene la suya y no importa que sea grande o pequeña, sino que sea la suya. A veces me acusan de ser amorosamente duro en mis talleres y seminarios cuyo objetivo último es la búsqueda honesta de uno mismo. Tal vez se me vea duro, aunque yo no opino así, porque simplemente trato de atenerme a la realidad. No se puede decir que ‘alguien solo está un poco interesado en cultivarse’ para justificar que no se entregue por completo a un ejercicio y se quede flotando en nubes de autocomplacencia. Una manzana no puede ser ‘solo un poco manzana’. O es una manzana o no lo es, no hay más. Si es una manzana puede ser grande o pequeña, ácida o dulce, de piel verde o roja, madura o por madurar pero siempre será una manzana. No puedes cultivarte ‘solo un poco’: o te pones a ello o no te pones, al margen de la complejidad y profundidad del campo que hay en ti.

Si solo tienes una huerta, pues te centras en cuidar la huerta, lo haces lo mejor que puedes y no pretendes cultivar un enorme campo de centeno. Y si tienes una granja con vacas, un huerto y cinco campos de trigo, pues vas de una tarea a la otra y así pones en marcha toda la granja, y la cultivas y con ello te cultivas a ti como granjero. Un granjero envejece mejorando cada año su habilidad y conocimientos para cultivar y cuidar su granja. En definitiva, viviendo la vida que le corresponde y esto le hace envejecer siendo cada vez mejor granjero, y a la vez él mismo cultiva por dentro su humanidad cuidando su granja y aprendiendo cada día un poco más. La riqueza y variedad y creatividad de tu trabajo diario, y el cultivo y desarrollo de tu vida interna no se pueden separar.

Por ejemplo, uno no puede trabajar en su ocupación laboral sin tomar consciencia de que hay una responsabilidad en el trabajo que desempeña, y esa responsabilidad es lo que hace que el trabajo sea interesante. Así resulta que nunca puede haber un conflicto real entre lo responsable y lo interesante.

El cultivo de uno mismo empieza siempre haciéndose preguntas. Hace mucho tiempo que sé que no hay respuestas, que no hay ninguna respuesta, y a pesar de ello tienes que hacerte preguntas porque formularse preguntas nos expande la consciencia.

Darnos respuestas definitivas nos paraliza. Eso es lo que tienen en común las grandes religiones, son grandes porque nos plantean los grandes temas de la humanidad: ¿Qué sentido tiene la vida? ¿Qué hay después de la muerte y antes de nacer? ¿Qué sentido tiene el dolor? Y, a la vez, nos paralizan por igual al darnos una respuesta. Tanto da que sea budista, cristiana, musulmana o judía, al asumirla nos quedamos clavados como un insecto en el corcho de un coleccionista, no seguimos caminando. Dejamos de buscar.

Lo primero que aprendí relacionado con cualquier clase de enseñanza o cultivo del mundo interno es que hay diversas calidades de consciencia, y creo que eso es todo.

Hay una consciencia de nivel bajo, reactiva como una bola de billar que se mueve al son de los golpes que recibe, sin saber jamás dónde va ni para qué. Hay una consciencia mayor que se mueve en varias direcciones. Esta mayor consciencia es la única clase de respuesta que uno puede llegar a lograr con su esfuerzo. Todos anheláis saber algo, y tomamos ayahuasca, y meditamos y todo lo demás para ‘saber’, y la respuesta está en una forma de ser más consciente, de estar abiertos a un nivel más rico de la experiencia. Esto no tiene fin y constituye el objetivo último de cualquier manual para cultivarte por dentro.

Al final, amigos, uno descubre que no hay nada que cambiar. Nada. El esfuerzo debe dirigirse hacia la aceptación de uno mismo con honestidad, sin autocomplacencia ni justificaciones infantiles. El único cambio posible es aceptarte a ti mismo o a ti misma, y tratar de hacerlo con honestidad. Este es uno de los objetivos más grandes de todo ser humano.

La honestidad con que uno cultiva su mundo interno se nota por el lenguaje que usa. El lenguaje puede abarcar muchas cosas, pero hay un punto en que la experiencia real, la experiencia que nos expande la consciencia, tiene lugar entre las palabras, no a través de ellas.

El lenguaje solo llega hasta un cierto punto y después, resulta que la realidad de la experiencia no es exactamente eso, está ahí, se oculta en algún lugar entre dos palabras, y es algo que se da con poca frecuencia. A veces, una frase o un error en una palabra descubren que la persona está hablando sin contacto verdadero con la esencia que se pretende cultivar, que tal vez ha aprendido la frase en un libro de autoayuda o en un cursillo de iluminación en dos fines de semana, pero que la experiencia real no está ahí detrás. Y entre los consumidores de ayahuasca se habla mucho, a veces demasiado para mi gusto.

Hay que aceptar el hecho de que las preguntas expresadas de manera burda buscan respuestas burdas, y alguien que habla mucho de misticismo o de ‘plantas maestras’, o de Dios evidentemente no sabe de lo que habla. Si no, no hablaría de ello o usaría expresiones más respetuosas y objetivas. Lo siento por mi viejo amigo Luis Eduardo Luna, que acuñó la exitosa expresión de ‘plantas maestras’, pero no la puedo aceptar. Ninguna planta enseña nada a ningún humano. Las plantas enteógenas, su química y su biofísica son herramientas que te permiten expandir la consciencia y hacerla mayor, nada más. Es como si un mecánico tratara de ‘mi maestro’ al destornillador porque le permite abrir motores para reparar. No, no es así. Si el hecho de antropomorfizar el mundo no humano es usado solo como metáfora puedo estar de acuerdo, aunque es una metáfora peligrosa porque los crédulos Sancho Panzas la suelen tomar al pie de la letra. Yo nunca la usaría.

¿Por dónde empieza el cultivo del inefable mundo interno? Por formularse las preguntas adecuadas y creo que hay un mismo punto de partida para todo camino real, incluyendo el camino de la ayahuasca, que es decir: ’Mira, sé muy poco. He tenido algunas experiencias pero no puedo pensar que sé todo lo que no es evidente’. En cuanto te das cuenta de esto -que aquí he expresado de una manera muy sencilla-, uno acepta que muchas cosas del cielo y de la tierra, de dentro y de fuera de las personas están más allá de nuestro entendimiento y requieren un espíritu abierto, humilde y realista.

Me disgusta y entristece percibir como algunos científicos y muchos autodenominados psicoterapeutas hablan de la ayahuasca como si lo supieran todo, con prepotencia y casi menospreciando los verdaderos chamanes indígenas si opinan diferente de ellos. Se refieren veladamente a los pueblos indígenas de milenaria tradición ayahuasquera como de supersticiosos e ignorantes, a menos que no se avengan a jugar el papel de Quijotes que Occidente les tiene reservado. Sé que no está de moda utilizar esta palabra para referirse a los pueblos tradicionales, ignorantes, que es una expresión políticamente incorrecta en ciertos ambientes como el de este congreso, pero por el tono y la actitud que muchos de vosotros utilizáis para referiros a ‘ellos’, uno se da cuenta que habéis convertido a los indígenas en meros objetos al gusto del consumidor. Y viceversa, con frecuencia éstos venden su imagen transformada según el gusto del consumidor occidental por los beneficios que le reporta. Y no los critico por ello, todos tenemos derecho a ganar dinero vendiendo algo.

He escuchado charlas de modernos Quijotes adornados con plumas de coloridas aves amazónicas y colmillos de jabalí colgando del cuello, aludiendo una y otra vez a su origen indígena para tratar de parecer más creíbles ante los Sancho Panzas, los compradores de sus mensajes y estética. Al poner atención, uno se da cuenta que tales chamanes hablan ‘como’ y ‘de’ los mismos temas que los seguidores de la New Age californiana. No queda nada de su cosmovisión indígena, si algún día la tuvieron. Pero es que los Sancho Panzas no compran nada que no sea lo que ellos esperan.

Personalmente, sólo me puedo comunicar con alguien que, como yo, cree que hay muchas más cosas de las que entendemos y, por ejemplo, no trata de reducir a 9 etiquetas muertas y supuestamente manejables, la compleja y dinámica profundidad de los humanos. Cuando Piotr Ouspenski escribió sobre ello por primera vez para Occidente, creo que en el año 1949, dijo: ‘A quien conozca el Eneagrama, todas las puertas del conocimiento verdadero, del conocimiento que lleva al despertar, le será revelado’. Se refería a la experiencia de eso que hay de inefable y real dentro de nosotros, a la experiencia sin forma que queda en algún lugar entre dos palabras, a la experiencia de la vida sutil fluyendo a través de cada persona, siempre mucho más amplia que lo expresable. Aun hoy día, tras el alud de malos textos que crucifican el Eneagrama, y de legiones de Sanchos Panzas que se enorgullecen de colgarse una etiqueta muerta más (‘yo soy un ocho, un líder’, ‘pues yo soy un cinco’, ‘yo soy acuario’, ‘yo catalán’, ‘yo famoso’, ‘yo de Málaga’) el único libro que conozco aceptable sobre el tema es el de John Bennett, discípulo directo de Gurdjieff, quien avisa que la primera lección para quien quiere aprender a cocinar es no cocinarse a sí mismo en el intento. El Eneagrama, como la ayahuasca, es una herramienta para experimentar y guiarnos por el inaprehensible mundo de lo inefable, para observar el fluir constante de la vida tratando de no matarla al detenerla. Los sufíes, tradición mística de donde surgió el Eneagrama, lo han transmitido durante siglos, como mínimo siete, por exclusiva tradición oral. El discípulo sufí no oía hablar del Eneagrama hasta llevar unos años de aprendizaje con el Sheij o Aga que le había admitido, su maestro, hasta que había experimentado que la vida es un fluir constante, que es experiencia viva, que todo cambia y todo acaba. Así los sufíes se aseguraban que nadie acabara cocinado clavándose una etiqueta absurda en el pecho: ‘soy un eneatipo tres’. Con la ayahuasca está pasando algo parecido.

Coleccionar sesiones no garantiza que el sujeto aumente su sabiduría, y cuando uno habla de las veces que ha tomado y de sus visiones, más bien indica que no sabe de lo que está hablando.

Todo ello se reduce a un tema, la calidad. Las visiones, el cultivo del mundo interno, el uso de la ayahuasca… es una cuestión de calidad.

Todas las cosas cotidianas pueden existir en varios niveles de calidad, o lo que llamamos diferentes calidades de la experiencia. Todo está involucrado en la calidad final y hay que trabajar con determinada calidad para obtener una calidad determinada en el resultado.

Repito, aunque la ayahuasca puede y suele ayudarnos a aprender ésta difícil asignatura que es vivir, no por consumir cada quince días uno aumenta de calidad.

Conozco personas malas, burdas y de mala intención, que han tomado litros de ayahuasca y siguen siendo perversas y de mala intención. La calidad de una sesión es un reflejo de la calidad de todo el mundo que aporta algo en la experiencia. Si la persona que dirige la experiencia no tiene un nivel de calidad, la experiencia no puede ser de calidad. Si el grupo que participa no tiene calidad, el resultado tampoco. La calidad total, y la calidad de cada uno de los factores es un elemento crucial para el buen resultado de toda sesión de ayahuasca.

Para acabar, el cultivo del mundo interno tiene que ver con realizarse, con desplegar los potenciales psicológicos y espirituales que nos definen como seres vivos, y para ello, a menos que no seas un santo sabio nato, hay que atenerse a algún modelo.

Tradicionalmente es el papel que han jugado las religiones y las filosofías vivas, han sido y son manuales para el cultivo del mundo interno.

Por ejemplo el Mahábharata, el manual épico del siglo III a.C. de donde ha surgido el hinduismo, y sobre el que escribió Peter Brook a raíz de su buenísima adaptación al teatro y al cine. El Mahábharata explica que existe una armonía cósmica que los individuos pueden potenciar o destruir con sus acciones. De ahí que una parte de las exigencias de un individuo que intente realizarse en la vida consisten en descubrir qué papel puede desempeñar él, como individuo, para ayudar a conservar la armonía cósmica en lugar de destruirla. Ahora sí, puedes preguntar ¿Puede servir para ello la ayahuasca?

El Mahábharata también pregunta: ¿Cómo acertar y cumplir el papel adecuado para mantener la armonía en el universo? De lo que deriva el primer reto que ofrece la vida humana, que es responderte: ¿Quieres conocerte a ti mismo o quieres seguir dormido y ciego, como el rey ciego del Mahábharata? ¿Quieres vivir ciego o quieres lograr la capacidad de abrir los ojos y mirar el mundo sin tus condicionamientos? Abrir los ojos significa conocerse a uno mismo, y conocerse a uno mismo es inseparable de aceptar el hecho de que uno está programado, que es la palabra moderna para referirse al ‘destino’. Puedes ser tan solo tu programa o puedes ir más allá y buscar la libertad.

Desde luego, debes saber cuál es tu programa para ir más allá ¿Sirve la ayahuasca para esto? Si la respuesta es que sí, como yo creo ¿Cómo hacerlo? Con un manual.

 

 


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