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Próx: Marzo 27, 28 y 29 - 2009

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto tomada de http://botany.upol.cz/

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Instrumento ritual
Huairasacha

Por William Torres                                   Para ti, Nanita Unshi Wichoni,

por tu virtud Huairahuarmi.

     

Su acción no es solamente un vibrar. Ella canta, danza, sonoriza una musicalidad, armoniza, conjura, cura y limpia al convocar e invocar en su propia inmanencia al Espíritu del Aire, al espíritu del Viento. Aquel que nace de la Tierra, en el topos de la selva junto al agua, en su propia respiración sagrada: Huairasacha, su nombre en sí mismo es un canto y una invocación vitalizada en una planta.

Huairasacha[1](Olyra latifolia) es hija de Huairayaya (“Viento-Padre”, “Aire-Padre”) y de Pachamilli[2]. Huairayaya habita en las altas cumbres, en las llanuras, en los bosques-selvas, en las profundidades de los abismos, en la Madre Tierra (Allpamilli). Su principal virtud es fertilizar-fecundar a Allpamilli, llevando las aguas del lago Titikaka hasta el Cielo y dejándolas caer en forma de lluvia. Los antiguos lo veían unido a su compañera, la Tierra, mirando ambos a lados opuestos y enrollados por serpientes hasta los pies –según narran las antiguas mitogonías Kulla (Aymara) preincaicas -. Cuando fluye Tamia, la lluvia fertilizadora, en la Tierra húmeda junto a los ríos, quebradas y lagos de la selva (sacha), brota su hija predilecta: huairasacha imbuida con la virtud huairaíi, la virtud de ventear, limpiar, airear, curar con el aire de la selva, del bosque. Durante el primer encuentro de las gentes primigenias con las virtudes enteógenas de ayahuasca[3] vieron como de los rayos luminosos de Intiyaya (“Sol-padre”) bajaban los ancestros sagrados, los yachac-runa (“sabios-gente”), ataviados con sus trajes ceremoniales, con sus tocados de plumas de colores, y portando en sus manos ramos-manojos de huairasacha. Estos ayahuasca-yachac-runa les enseñaron las virtudes sagradas de huairasacha y con ella la ceremonia de huairachíi, la ceremonia de limpiar el cuerpo y el espíritu.

A toda persona, de cualquier edad, con una afección o dolencia corporal o espiritual se le recomienda la ceremonia huairachíi de curación y sanación. Se puede realizar en todo lugar, pero preferencialmente en un espacio de curación  consagrado especialmente para ello. Al doliente, ya sea acostado o sentado, es recomendable disponerlo de tal modo que su cuerpo esté orientado adecuadamente de acuerdo con las direcciones sagradas y naturales del Cosmos: occidente, norte, oriente, sur, cenit y nadir. La parte frontal de su cuerpo mira al occidente, de este modo su lado derecho está orientado hacia el norte, en su espalda está el oriente y su lado izquierdo se orienta con el sur; la parte superior de la cabeza se conecta con el cenit, el Corazón del Cielo, y la parte inferior del cuerpo con el nadir, el Corazón de la Tierra. Así, el cuerpo está ubicado en el Centro del Cosmos (Kusku). Cada uno de estos senderos sagrados es protegido por una Abuela y un Abuelo Ancestrales, y cada uno de los senderos corresponde exactamente a cada uno de los lados del cuerpo, tal como se recomienda orientar al paciente. De este modo las Abuelas y Abuelos Ancestros donarán su virtud y poder curativo directamente a quien lo implora.

El curandero o la curandera dispone un brasero con brasas encendidas de carbón natural en el cual coloca resina de copal (Hymenaea courbaril), para con el humo sahumerizar y purificar su cuerpo, la huairasacha, el cuarzo (huahuarumi[4]) y si es necesario otros objetos curativos sagrados. En seguida purifica el cuerpo del enfermo con sahumerio de copal siguiendo la secuencia de las direcciones del Cosmos. Inmediatamente se procede a ofrecer humo de copal y a elevar con el humo una oración a los Ancestros Sagrados de los senderos del Cosmos. Una oración de agradecimiento implorando su virtud y poder curativo para que le sea permitido al curandero devenir un “pequeño hueso hueco” purificado por donde fluya la virtud curativa ancestral. Al tiempo se ha recomendado al enfermo que realice su propia oración implorando por su curación y sanación. El curandero ha hecho su oración por la virtud y el poder curativo, situado de pie, detrás del paciente, y ahora procede a realizar el acto curativo entonando el canto sagrado de curación y sanación, al tiempo que va venteando, limpiando, y aireando (huairaríi) el espíritu y el cuerpo del paciente con la huairasacha en su mano derecha, mientras sostiene con la palma de la mano izquierda a huahuarumi, a la altura de su kusku[5] Con el huahuarumi recibe la virtud, el poder y la energía curativa, que desde su lado izquierdo fluye hacia el lado derecho del curandero para ser donada al paciente, mediante el canto con la huairasacha.

El cuerpo es una manifestación micro del Cosmos. Por esto, no solamente es importante la orientación adecuada del cuerpo de quien recibe la curación, sino también la orientación del sentido del acto curativo en el espíritu y el cuerpo de quien la recibe. La cabeza corresponde al mundo superior, a lo celeste (Hanan Pacha), el cuerpo corresponde al mundo de aquí, a la Tierra (Kai Pacha, Allpamilli), el interior del cuerpo (Uku Pacha) está habitado por el Espíritu. El cuerpo es también el Tahuantisuyu o Tahuanintisuyu[6]; habitado por las cuatro direcciones designadas por el sendero de Sol: Kuntisuyu, el lugar (suyu) de los espantos y el susto (kunti), corresponde al occidente y al frente del cuerpo. Chinchaisuyu, es la región del jaguar negro (chinchai) asociada a la Constelación del Jaguar (Chukichinchai[7], “Las Pléyades”) ubicada en la bóveda celeste señalando el norte, correspondiendo al lado derecho del cuerpo. Antisuyu, es el lugar donde nace el Sol, el oriente y parte posterior del cuerpo. Y Kullasuyu, es la región de lo Femenino (Kulla), el sur, lado izquierdo del cuerpo.

El ventear, limpiando y aireando (huairaríi) el espíritu y el cuerpo con el poder-potencia del canto en la huairasacha, se activa de arriba hacia abajo: de Hanan Pacha, la cabeza, pasando por Kai Pacha (el cuerpo) y Uku Pacha para sacar del espíritu y del cuerpo, y purificarlo de las dolencias, afecciones, enfermedades y/o maleficios que le aquejan. Se envían hacia el fondo de la Tierra, al fuego-luz (nina) y al infinito confín de Kuntisuyu. La Madre Tierra con la infinita virtud del poder de su bondad y amor, transmuta en su vientre la enfermedad en renovado alimento para sus hijos. En el interior de la Tierra habitan unos pequeños seres que se alimentan de esa energía-pesada (hucha) que genera enfermedad. Nina es el poder-potencia-fuego-luz de Sol en la Tierra, quien también transmuta la energía-pesada (hucha), que genera enfermedad, en samíi (energía-suave de vitalidad). Se limpia y sopla el espíritu y el cuerpo enviando hucha hacia el infinito confín de Kuntisuyu, donde Inti abre la puerta de los mundos, en el ocaso, en el crepúsculo, para llevar consigo la energía que genera enfermedad. De arriba hacia abajo se ventea, limpia, sopla y airea el tahuanintisuyu-cuerpo para curarlo y sanar su espíritu siguiendo los senderos de occidente, norte, oriente y sur en el tahuanintisuyu-cuerpo, en el tahuanintisuyu-espíritu. Al mismo tiempo que huiarasacha va venteando, soplando, limpiando y aireando el espacio-tiempo-cuerpo-espíritu, con el canto se va nombrando, invocando y convocando la virtud curativa (ambíi) de cada una de estas dimensiones sagradas de Pachamilli (“Cosmos-Madre”) que están presentes en el micro-cosmos-cuerpo. Se canta y limpia, una y otra vez, hasta encontrar y despertar el equilibrio armónico de la vitalidad ancestral en el espíritu-cuerpo de quien ha sido curado. Así como Huairayaya levanta las aguas del Titikaka para fertilizar con lluvia a la Tierra, el curandero sopla agua limpia sobre el cuerpo del paciente para purificarlo y fertilizar su vitalidad. Y continúa limpiando y soplando con el canto y la huairasacha para su definitiva curación. El misterio de la virtud ancestral de huairasacaha ha danzado aireando-curando su espíritu-cuerpo. Ahora el tahuanintisuyu-espíritu-cuerpo es cerrado con la virtud-poder ancestral de las hojas-viento-aire-de-la-selva. Huairachíi se ha realizado. La virtud de la hija de Huairayaya y Pachamilli se ha recibido y una nueva oración de agradecimiento a Pachacamac Pachayachachic, al Cuidador y Sabio Ancestral del Cosmos, a Huairayaya, a Pachamilli y a todo lo Sagrado Existente, es elevada con el humo del incienso, en gratitud por su bondad curativa.

El arte huairachíi es enseñado y donado por un Taita[8]Yachac[9]Sinchi[10]a su aprendiz en el transcurso de la enseñanza-aprendizaje de la tradición de la ayahuasca. Durante su proceso de aprendizaje, el iniciado acompaña y asiste a su maestro en los rituales de huairachíi que él realiza. Así, en una enseñanza práctica, el iniciado va aprendiendo de su maestro el arte huairachíi. Cuando el Taita considera que su iniciado ha culminado adecuadamente todo el aprendizaje sagrado, le realiza una ceremonia especial de consagración como nuevo chamán, y en ella le entrega sus poderes-potencias sagrados y le consagra los objetos sagrados que el nuevo chamán utilizará en su sendero. Entre estos objetos que el nuevo chamán recibe, se destaca un ramo de huairasacha consagrado. Llevar, portar y saber utilizar la huairasacha es un distintivo de ser reconocido como chamán.

Durante el transcurso de su aprendizaje, al iniciado se le permite utilizar la huairasacha para ir aprendiendo de ella y seguir las enseñanzas de su maestro durante los rituales, pero sólo se le autoriza a portarla en forma independiente cuando ya ha sido consagrado en ella y con ella.

En toda mesa o altar chamánico de ayahuasca, sobresale la presencia de huairasacha. Con ella, el Taita consagra en-canto purificando con su poder-aire las virtudes del enteógeno y su ceremonia. Durante la ceremonia se propicia su vibración continua para airear en armonía a los participantes y al espacio-tiempo-Cosmos. Acompañado de ella se realizan los cantos sagrados y las curaciones pertinentes durante las ceremonias de ayahuasca.

Sonoridad vibrante. Cascadita del Aire. Musicalidad del Viento. Una hojita en otra y esta en otra y en las otras, van brillando en el silencio. Todo empieza a transformarse. Un titilar de Luz en el espacio, lo va poblando en visión. Los Espíritus se alegran, se sienten invocados, se sienten convocados y acompañan. El tiempo ahora es otro, se abre un espacio a otro tiempo, al tempus, al tiempo-espacio primordial. Una loina, un rondín musicaliza su emergencia. Una voz en-canta su presencia, va nombrando las dimensiones sagradas Pachamilli, los Ancestros, los Espíritus. Los Cuatro Vientos, Cuatro Aires abrazan las presencias. El Espíritu-Torbellino danza en el Espíritu. Lo envuelve, lo acaricia, y es un arrullo de renacimiento. “Limpia, limpia, cura y pinta” – entona en-canto, voz de Taita noble. Pinta visionaria. Un color titila, conmueve la atención. Su titilar se plena de colores, confluyen en diagramas, diseños, hilitos luminosos, tejidos geométricos, telitas transparentes de Araña, fractales de Luz Cósmica, geometrías sagradas: umbrales de otros mundos, entradas a otras nuevas dimensiones de existencia. Y en ella, nuevas musicalidades, otros cantos. Los Taita-yachac, Mama-yachac, los de la Luz-de-Sol, las de la Luz-de-Luna, de la Luz-Estrella, de la Luz-Cosmos, vienen al encuentro y danzan la cura-de-la-vida. La Maloca-Cosmos está plena de presencias. Un Espíritu Animal y otro y otro más. El Cóndor y el Águila. La Anaconda y el Jaguar. Un Pueblo de Venados. La Araña y la Libélula. Un Guacamayo, un Colibrí. El Pueblo Oso. Todos ellos Gente, Gente-Espíritu hermanados, hermanándonos en un saber-antiguo en el umbral del presente: en un tiempo anterior que ya es futuro. Se aproximan, nos miran, nos palpan, nos llevan a su interioridad, nos curan, nos cantan y nos enseñan a vivir con dignidad en nuestra Madre Tierra. Nos convocan en su devenir… Sonoridad vibrante, cascadita de Aire, musicalidad del Viento, virtud mágica-sagrada donada en huairasacha.

 

Huaira, huaira

Huairasacha

Huaira, huaira

Huairamilli

Huaira, huaira

Huairayaya

Huaira, huaira

Pachamilli

Huaira, huaira

Allpamilli

Huaira, huaira

Huaira ambíi

Huaira, huaira

Huairaríi

Huaira, huaira

Huairachíi

Huaria, huaira

Huairasacha

Ambíi, ambíi

Ambina

Pai

 

Kajuyali Tsamani

Nabi Nunhue, agosto 8 de 2007.
 

[1] Huaira: “viento, aire”; sacha: “bosque, monte, selva, silvestre” (lengua Kichua). A los ramos-manojos de huairasacha (Olyra latifolia) se les conoce también con el nombre de chacapa (por los médicos tradicionales indígenas y mestizos del Perú), pichanga (por los médicos tradicionales indígenas de la etnia Siona) y genéricamente como escoba, en el español hablado por médicos tradicionales indígenas y mestizos del Alto y Bajo Putumayo en Colombia.

[2] Pacha: “espacio-tiempo, Cosmos, Universo, Tierra”; milli: “madre, mamá” (lengua Kichua).

[3] Aya: “espíritu-ancestro, antepasado”; huasca: “bejuco, enredadera”. Ayahuasca es el nombre en lengua Kichua de Banisteriopsis caapi (yagé en lengua Kofán), y es también el nombre de la bebida sagrada producto de la cocción de Banisteriopsis caapi y de Diplopteris cabrerana (chagrupanga en lengua Kichua).

[4] Huahua: “niño, niña”; rumi: “piedra” (lengua Kichua).

[5] Kusku es el centro, el centro energético del cuerpo y el centro energético del Cosmos. Se ubica alrededor del pupo (ombligo).

[6] Tahuanintisuyu: “Las Cuatro Regiones del Sol” (tahuan: “cuatro”, adjetivo numeral cardinal; Inti: “Sol”; suyu: “lugar, región, sitio”. Lengua Kichua).

[7] Chuki: “lanza”; chinchai: “jaguar negro” o yanauturuncu. Chukichinchai: “Jaguar-negro de lanza”. De la lanza del Jaguar-negro fluye el granizo (runtu). Lengua Kichua.

[8] Taita o Tata es un préstamo del español antiguo al Kichua. Taita o Tata significa “padre, papá” y se utiliza en forma de respeto con la connotación de “autoridad mayor”. Taita tiene varias denotaciones: se le dice Taita al papá, padre de familia, y al abuelo; a la autoridad mayor de una comunidad; y también con respeto y reconocimiento se le dice Taita al chamán, quien viene a ser como el papá espiritual.

[9] Yachac es “quien sabe”, el chamán. La palabra yachac procede del verbo yachana: “saber” (lengua Kichua).

[10] Sinchi: “guerrero, hombre fuerte” (lengua Kuchua).


Artículo remitido a visionchamanica.com por Fernando Castaño, con autorización del autor.


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