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Realmente el LSD es un viaje, sería de mucha utilidad saber en donde lo consigo. Gracias.
Freddy Pérez
Marzo 19 – 2008
Re/ No tenemos información acerca de dónde y cómo conseguir LSD.

 

 

 

 

 

 

Los científicos vuelven a poner sus ojos en las drogas psicodélicas con la esperanza de hallar respuesta a trastornos mentales.

 

 

 

 

 

 

 
Los artistas psicodélicos

Con el LSD, los “hongos mágicos” y otras drogas psicodélicas, artistas y músicos en los años 60 y 70 descubrieron nuevas posibilidades artísticas. Al consumir estas sustancias se adentraban en un mundo nuevo que multiplicaba las posibilidades de experimentación creadora. El LSD, la más popular de estas drogas, llegó a ser bautizado como el “Jesucristo del siglo XX en su forma química”. Entre los músicos que se matricularon en el arte psicodélico se cuentan Grateful Dead, Jefferson Airplane, Quicksilver, Santana y Timothy Leary. Este último llegó a considerarse todo un gurú del tema. Leary (nacido el 22 de octubre de 1920 y quien falleció el 31 de mayo de 1996) era escritor, psicólogo y entusiasta del uso de drogas psicodélicas. Fue una de las primeras personas en auspiciar la investigación en busca de beneficios terapéuticos del LSD. Las recientes investigaciones parecen darle la razón a Leary y a muchos otros artistas sobre los efectos benéficos de estas sustancias.

 

 

 
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Promesa terapéutica
Tratamientos psicodélicos
Por: Pablo Correa

Después de cumplir cuatro décadas proscritas como sustancias prohibidas, el LSD (dietilamida del ácido lisérgico) y otras cuantas drogas conocidas desde los años 60 como “psicodélicas”, han regresado con la promesa de convertirse en poderosos medicamentos para tratar enfermedades mentales.

Grupos de investigación en distintas universidades norteamericanas y europeas han comenzado a desempolvar trabajos que iniciaron sus colegas hace ya más de 60 años en los que exploraban las posibilidades terapéuticas de sustancias como el LSD, psilocybin, DMT, MDMA, ibogaine y ketamina.

Hasta 1972 se habían puesto en marcha más de 700 investigaciones relacionadas con los efectos benéficos de estas sustancias, pero las políticas antinarcóticos promovidas por los gobiernos a lo largo de los 70 y 80, la maldición social que cayó sobre ellas dificultó a los científicos continuar explorando este arsenal de medicamentos.

Tímidamente, pero cada vez con más entusiasmo por los resultados positivos en grupos de voluntarios, desde 1990 los científicos acumulan argumentos y datos para convencer al mundo de que las “drogas psicodélicas” pueden albergar la respuesta para complejas enfermedades como la depresión, el síndrome de estrés postraumático, migrañas, desorden obsesivo-compulsivo, incluso para acompañar a los pacientes con cáncer terminal y, paradójicamente, para tratar adicciones al alcohol y otras drogas.

De acuerdo con David Jay Brown, miembro de la Asociación Multidisciplinaria para Estudios Psicodélicos, una organización que recauda fondos para promover estas investigaciones, y quien recientemente publicó un interesante artículo en la revista Scientific American sobre el tema, “aún son poco claros los mecanismos neuronales a través de los cuales estas drogas producen sus resultados benéficos, pero los efectos psicoactivos que provocan las convierten en potenciales herramientas terapéuticas”.

Uno de los factores a los que se atribuye este resurgimiento en la investigación neurológica y psiquiátrica se debe, según el químico David Nichols, al impulso de los científicos que forman parte de la generación de los baby-boomers. Se trata de especialistas que nacieron en la postguerra, que en los años sesenta experimentaron, al igual que millones de jóvenes, los “viajes psicodélicos”, y que hoy, convertidos en respetables y veteranos científicos, han optado por reexplorar estas sustancias, ya no con fines artísticos o lúdicos, sino medicinales.

 

De vuelta a los laboratorios

El pionero en las investigaciones “psicodélicas” fue el químico suizo Albert Hofmann. En 1943, en Basilea, cuando apenas nacían los científicos que décadas después continuarían sus trabajos, Hofmann, quien trabajaba para la farmacéutica Sandoz, descubrió el LSD y sus efectos alucinógenos. Como muchos de los grandes descubrimientos, tuvo algo de casualidad. Muchos de sus colegas se habían dado por vencidos luego de que los ensayos con animales no arrojaran resultados esperanzadores. Hofmann insistía en que el LSD era una sustancia prometedora.

En abril de 1943, Hofmann recibía la recompensa a su obstinación: accidentalmente una gota de LSD le cayó en la mano y en cuestión de minutos comenzó a experimentar angustias, vértigos, visiones sobrenaturales, felicidad absoluta. Años más tarde relataría sus experiencias en un libro que tituló: “LSD: mi hijo terrible”.

Antes de convertirse en el hijo terrible que escandalizó al mundo en los años sesenta, el LSD se comercializó en cápsulas y ampollas, indicado para tratamientos de desintoxicación para alcohólicos, así como para personas con cáncer terminal.

Cuando la noticia de sus efectos llegó a los círculos artísticos, a oídos de los jóvenes de la época y a soldados en Vietnam, el LSD comenzó a convertirse en el hijo terrible que Hofmann nunca imaginó. Sin embargo, en su libro Hofmann advirtió que “si se lograra aprovechar mejor, en la práctica médica y en conexión con la meditación, la capacidad del LSD para provocar, en condiciones adecuadas, experiencias visionarias, podría transformarse de niño terrible en niño prodigio”.

 

¿Cómo funciona?

Según explicó a Scientific American Rick Strassman, psiquiatra de la Universidad de Nuevo México y uno de los primeros en investigar los efectos terapeúticos en seres humanos, “las drogas psicodélicas catalizan procesos que, se sabe, son útiles en contextos terapeúticos, como son: reacciones de transferencia y su manejo, procesos de simbolización, aumento del contacto entre emociones e ideaciones y control de regresión”.

Las sustancias psicodélicas, según creen los científicos, actuarían de distintas formas sobre los circuitos neuronales. Algunas de ellas simularían efectos de la serotonina (responsables de regular procesos como el ánimo, la memoria, el apetito o el sueño) y otras imitarían neurotransmisores como la dopamina o el glutamato.

La información disponible aún no permite a los investigadores aclarar hasta qué punto las sustancias psicodélicas modifican estos circuitos neuronales favoreciendo mejorías en ciertos trastornos, o sus beneficios radican en promover efectos “psicológicos” como la habilidad para entender el mundo desde otras perspectivas reduciendo la ansiedad y el dolor.

Hasta el momento, los estudios con drogas psicodélicas se encuentran en las fases I y II, de las tres exigidas por la FDA (Food and Drugs Administration), antes de salir al mercado. Es decir que hace falta un largo trayecto antes de que alguna de ellas llegue a los estantes de las droguerías.

Sin embargo, para el psiquiatra colombiano Rafael Salamanca ya estamos viviendo la era en que el cerebro es transformado con sustancias psicoactivas: “Modificar los estados de ánimo y el pensamiento a través de sustancias naturales o sintéticas es una de las grandes conquistas de la psiquiatría en las últimas décadas”. Las sustancias psicodélicas, convertidas en medicamentos, se sumarían al arsenal con que ya cuentan los psiquiatras y neurólogos.

De consolidarse las investigaciones con el LSD (droga que fue bautizada por los artistas de los 60 como “Jesucristo del siglo XX en su forma química”) y las demás sustancias psicodélicas, los pacientes con trastornos mentales podrían en unos cuantos años pedir a sus neurólogos y psiquiatras citas para experimentar un “viaje psicodélico y terapéutico”.


Tomado de El Espectador Sábado, 12 de enero de 2008

 


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