El retorno del patrimonio arqueológico de San Agustín

El retorno del patrimonio arqueológico de San Agustín

David Dellenback


Es un cuento, un antiguo cuento, de verdad triste. Pero a la vez, se puede decir
que es una narrativa ambigua, traicionera, frustrante, emocionante. Es, también, una historia milenaria, universal, del corazón, de resistencia y de victoria que si
bien es cierto es demorada, no se puede dudar es asegurada. Porque, como reza el dicho, cuando se levanta la mano, cuando se alza la voz, las murallas se
derrumban.


El cuento antiguo y triste ocurrió en el año 1914, cuando el aventurero
alemán Konrad Preuss vino a Colombia en búsqueda del botín para guarnecer su museo en su ciudad de Berlin. En el Macizo Colombiano encontró su presa, así como unas 'autoridades' maleables y corruptibles. Terminó sacando del país-ilegalmente, sin ningún permiso ni autorización, utilizando mentiras y trampas-35 antiguas estatuas de piedra, importantes tesoros espirituales y patrimoniales colombianos, arrancadas de sus moradas subterráneas inmemoriales en San
Agustín y en Nariño. Las llevó, acompañadas por toda una riqueza de otros
artículos arqueológicos; al museo en Alemania en donde hasta el día de hoy
permanecen, esperando su liberación.
La narrativa ambigua y traicionera es de hoy en día--por eso es frustrante,
pero emocionante. El conglomerado de activistas interesados en el tema de esas estatuas robadas, contando con agustinianos, colombianos y habitantes del mundo entero, ahora conforma un grupo inmenso; ya no son solo los supuestos "cuatro pelagatos" de hace unos años. El movimiento se inició en el año 2012, con derechos de petición y tutelas, después con marchas, manifestaciones, desfiles, conversatorios y discursos, noticias de radio, prensa y televisión. Poco a poco se regó la voz. En el año 2017 el Tribunal Superior de Cundinamarca emitió el fallo definitivo ordenando la devolución de las estatuas. Sin embargo, hasta la fecha, los entes que fueron ordenados a tomar esa acción--la Presidencia, la
Procuraduría, los Ministerios de Cultura y de Relaciones Exteriores, el Instituto
que ordena la antropología (ICANH), y la Gobernación del Huila-no han llevado
a cabo su trabajo: no han cumplido con su deber y su promesa a nosotros, al público.


Pero esta historia milenaria de resistencia es universal. Las estatuas
robadas por el alemán fueron, y son, del Macizo Colombiano. Fueron, y son,
imágenes de gran poder espiritual, puntos de contacto con un mundo de gran
potencia, ventanas desde las que se vislumbran realidades hasta ahora no
descifradas. Es justo y es lógico devolverlas a su sitio original, a su hogar
verdadero en el Macizo. Pero el problema no lo ponen los alemanes; de hecho,
ellos han mostrado repetidas veces, en un sinnúmero de formas, que están
dispuestos a devolver las estatuas a Colombia. Los que ponen los obstáculos, los que no han querido hacer su deber, son las autoridades colombianas, pero su ceguera, al fin del día, no ganará. La resistencia activa las vencerá. Las murallas se derrumbarán.