Apio

Apio

Desde tiempos antiguos ha sido una planta muy apreciada como producto alimenticio y medicinal y su nombre está ligado a la magia, los mitos y las leyendas.
El origen exacto del apio es aún motivo de discusión. La presencia de formas silvestres de la especie en distintas regiones templadas y pantanosas de Europa y del Asia Occidental, plantea una extensa zona como posible centro de origen; sin embargo, existe un cierto consenso en situarlo en la región este del Mediterráneo. Desde hace casi 3.000 años se ha cultivado en esta zona, primero como planta medicinal y, bastante más tarde, a partir del siglo XVI, en Italia, como planta hortícola. Su difusión a otros países mediterráneos, al norte de Europa y a América es reciente, y en la actualidad es un cultivo habitual a nivel mundial, pero siempre en extensiones relativamente pequeñas.
Existen dos variedades de Apium graveolens, la variedad dulce y la variedad rapaceum (apio nabo o rábano, un bulbo rugoso en forma de patata y que apenas se consume en España). Pertenece a la familia de las Umbelíferas. El Apio necesita de un clima templado. No soporta el frío del invierno y necesita luz. Se tiene constancia de que ya se utilizaba en el antiguo Egipto. Como hortaliza empezó a cultivarse y consumirse a partir de la Edad Media. Actualmente se consume muchísimo en Europa y América por su gran poder diurético. Sobre todo en Francia, Italia y España se utiliza muchísimo.
La planta presenta hábito erguido dado por el sistema caulinar consistente en un tallo comprimido, corto, grueso y suculento, de color blanco, en el cual se insertan las hojas erectas formando una roseta. Las hojas pueden presentan un largo de 0,5 a 1 m. Una planta adulta tiene, al momento de su madurez de cosecha, un número variable entre 15 y 25 hojas desarrolladas. Los pecíolos de las hojas constituyen el principal órgano de consumo de la especie, aunque ocasionalmente también se consume el tallo y parte de la lámina de las hojas.
El apio contiene vitaminas: C (ácido ascórbico), A, E, B1(tiamina), B2 (riboflavina), B3 (niacina), ácido fólico; minerales como sodio, potasio, calcio, magnesio, hierro, azufre, fósforo, zinc. Además presenta ftálina que ofrece efectos tranquilizantes.

Propiedades del apio
Buen depurativo, baja las tasas de ácido úrico, de colesterol y otras toxinas de la sangre; el apio es aconsejado en los tratamientos de acné, ya que al colaborar como depurador de la sangre mejora dichos síntomas. El apio es ideal en el tratamiento de los problemas cardiovasculares (disminuye la presión arterial, baja el colesterol y tiene un efecto suavemente tranquilizante). Ayuda a controlar la hipertensión arterial ya que es rico en potasio, dilata los vasos renales, aumenta la cantidad de orina y calma el sistema nervioso. Enormemente diurético, con propiedades laxantes gracias a su fibra; por su vitamina E actúa como uno de los grandes antioxidantes aliados contra el cáncer. Sus efectos neutralizantes combinados con su aporte en silicio ayudan en la renovación de las articulaciones y el tejido conjuntivo (artrosis, artritis reumatoide). Por su elevado contenido en vitamina C se hace muy indicado durante las enfermedades infecciosas y en épocas de crecimiento y desarrollo. Como la mayoría de las verduras contiene una gran cantidad de fibra, lo que provoca una mejora del tránsito digestivo. Su bajo aporte calórico y su escaso contenido en azúcares lo convierten en un alimento ideal para obesos y diabéticos. En el campo de la medicina naturista, las hojas y los frutos del apio se consideran sustancias tónicas estimulantes, antifebriles, carminativas y diuréticas. En infusión se utiliza para mejorar la diuresis y sus raíces cocidas son ideales para tratar la gota, el reumatismo y la nefritis.